viernes, 12 de enero de 2018

Dos poemas de HB



                                          LUZ Y SOMBRA

         011318.- Antes del Concilio, la iglesia católica celebraba San Hilario el día 14 de enero. Luego lo pasaron al 13 y, los que tienen un santoral a mano (o van a misa, si todavía queda alguno), me felicitan y algunos me lo recuerdan con antelación.
          Antonio A. ha sido el primero en hacerlo: “Hola, Hilario: Dice el santoral que mañana es san Hilario (obispo) de Poitiers, protector de los exiliados, y de nombre latino que significa "alegre, festivo". De modo que me permito felicitarte con alegría por tu onomástica”.
          Los que siguen los Diarios tal vez recuerden las entradas sobre el día tan cargado de melancolía. Iba a escribir que como regalo a ustedes, pero no estoy seguro, les dejo dos poemas que han venido a romper el “síndrome de Rulfo” o como me decía Paco Álvarez Velasco: “Me alegro de que salgas de ese "síndrome de Rulfo", que no es otro que la depresión postparto. Y eso del "último", ni lo creo, ni lo espero: decía Ángel González "el acabamiento del poeta significaría mi propio acabamiento". Estoy seguro de que no quieres acabar”. Palabras sabias y que reconfortan.
          No se sientan en la obligación de felicitar al santo, que no lo es. Uno prefiere que disfruten los poemas.






                                       I
                        NEVADA AL AMANECER

Vino de madrugada con una luz incierta:
un cementerio donde los muertos
tenían la mirada esclarecida.
Esperada por las prisas de un niño,
ansioso de quemarse con la primera nieve,
hizo una bola de claridad que apretaba con fuerza
antes de que se le derritiera entre las manos.
Ese niño, recordaría más tarde
descendiendo al infierno, la primera nevada
dejando quemaduras que nunca se cerraron.
Y así vive: entre la clara oscuridad del amor
y el frio de la nieve que le abrasó su infancia,
donde le espera el fuego,
casi tocando el fondo del abismo.
.

  


   
                                     II
                NEVADA EN LO OSCURO

Amaneció de pronto en el paisaje
como si una falsa piel forrara los tejados,
primavera fugaz sobre los troncos,
algodón en las secas heridas de las viejas fachadas,
enseñando al invierno el camino
con las sombras de los últimos pájaros del verano.
Temida por el ciego que sabe
que debajo de su frágil luminaria
vive escondido el fulgor de lo oscuro.
Extendida como un mar sin esquinas
los perros arañaron su silencio,
un aire gris cuadró la redondez del copo,
y descendió al fondo de la mina en busca de carbones.
Igual que el tiempo pasa y nos hace invisibles
así el sol desnuda de nieve a las estatuas
derritiendo la piel en goterones
que dejan congelada las viejas cicatrices,
llagas de una pasión.