miércoles, 18 de julio de 2018



   No es Richard Wilbur (1921-2017) un poeta tan conocido como algunos de sus contemporaneous, auque ocupara un lugar destacado en la poesía americana. Fue Poeta Laureado y ganó dos Premios Pulitzer, crítico, traductor y profesor continúa la escuela de Frost y Auden. Este poema de humor honra la memoria de un novela de humor. La novela más grande! Una parabola en tiempos de caballos descalzos.

martes, 17 de julio de 2018

Un poema eléctrico





LOS NIÑOS DEL FERROCARRIL 
 SEAMUS HEANEY

Cuando subíamos las laderas del desmonte
quedábamos al mismo nivel que las jicaras
de los postes del telégrafo y los alambres crepitantes.

Como un precioso dibujo a mano alzada se curvaban por millas
Y millas al este y al oeste de nosotros, combados
bajo el peso de las golondrinas.

Éramos pequeños y pensábamos que no sabíamos nada
que valiera la pena saber. Pensábamos que las palabras viajaban por los alambres
en las brillantes bolsas de las gotas de lluvia,

c
ada una de ellas fecundada plenamente por la luz
del firmamento, el destello de las líneas, y nosotros mismos
tan infinitesimalmente reducidos
que podríamos pasar a través del ojo de una aguja.


THE RAILWAY CHILDREN

When we climbed the slopes of the cutting
We were eye-level with the white cups
Of the telegraph poles and the sizzling wires.

Like lovely freehand they curved for miles
East and miles west beyond us, sagging
Under their burden of swallows.

We were small and thought we knew nothing
Worth knowing. We thought words travelled the wires
In the shiny pouches of raindrops,

Each one seeded full with the light
Of the sky, the gleam of the lines, and ourselves
So infinitesimally scaled
We could stream through the eye of a needle. 

       Qué gozo leer poemas como este en donde, como uno siempre repite, se encuentra un universo creado, no una sucesion de "lineas", que algunos llaman versos, y que solo dicen vaciedades. Un poema de altura, en el doble sentido de la palabra, eléctrico, con musicalidad, cpn metáforas, sonidos y silencios, personajes y asombro y con un cierre que le abre a uno la esperanza. Un poema que viaja en nuestra memoria. 
       Debo el encuentro de este poema a Isabel Salvadores, bibliotecaria de la pública de Gijón y amamte de la poesía, que me preguntó si lo habia traducido. Aquí está, Isabel. Y gracias por darme la oportunidad. 
  Otra nota al margen. La metáfora en inglés "white cups" es muy gráfica y "colorista", En español sería "aisladores" que no es muy poética que dígamos. Pero uno recuerda el cuento de Clarín, "Adiós, cordera", donde aparece la palabra "jícara" que ya es otra cosa. La he puesto en bastardilla porque la RAE no la acepta. 

viernes, 6 de julio de 2018

7-7-71/7-7-18.


                                                 7-7-71/7-7-18.

Dichosos los que esperan que llegue la noche, los que recuerdan el árbol que les nombró y el momento cuando se conocieron, los que anduvieron en un campo de minas y salieron heridos, los que enterraron a sus amigos muertos, cristos de luz, sansebastianes amurallados con las flechas del desprecio.

Dichosos los que se bautizan con el agua bendita de la luz, tantos sábados de complacencia, misa solemne del amor, crucigrama terminado con la tinta roja del deseo: la palabra final una hoguera.

Dichosos lo que después de tantos años, (¿o ha sido solo un momento?) siguen heridos de gozo y de sosiego y cuentan los días y las noches, hasta que el tiempo se ponga ceniza sobre sus almohadas.









jueves, 5 de julio de 2018

Parcela 40


                                    



                               

                                                EL PUNTO FINAL LO PONE LA MUERTE

           Parcela 40
           Mery Sananes
           Mediaisla, Kingwood, TX, 2018

Al final somos un trozo de tierra numerada. Somos polvo. Vamos a ese “corral de muertos” que decía Unamuno. Vivimos en una parcela y habitamos la muerte en otra. En otra donde el silencio borda de gusanos la oscuridad más total. “Nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar…” que es otra parcela inmensa y misteriosa.
Mery Sanares, licenciada en Letras, doctorada en Ciencias sociales, profesor titular de la Universidad Central de Venezuela, es también, y sobre todo, poeta. Ha publicado Tiempo de guerra, Walt Whitman poeta de los tiempos que vendrán, Palabras conjugadas y Memoria de hombres y pájaros.  
Parcela 40, escrito en Caracas en 1970,  es una elegía, un canto fúnebre, un larga cantata sin puntuación, sin interrogaciones ni exclamaciones, como si la muerte tuviera prisa y el lector se atragantara con los puntos y la comas y le frenara llegar al final. Como si los poemas fluyeran lentamente, sin prisa, como corre un río viejo al mar. Los poemas se conectan unos con otros sin ningún punto final. A veces es un grito, a veces es un lamento, siempre es una evocación a la madre que ha muerto.

 Y cómo sacar tu muerte
de las muertes
cómo distinguir esta pena
de tanta pena sin faltarte

Parcela 40, lugar donde enterraron a la madre, es el monólogo de una hija. O tal vez un diálogo. Es una conversación donde se escucha el rumor de la vida, el ruido de la gente, los rezos, la hipocresía, el olvido.

Qué bueno mama
si toda esta gente te hubiera celebrado
cuando estabas viva

          Aunque el libro fue escrito en 1970, y si tenemos en cuenta que un poeta es un profeta, uno adivina, en estos momentos terribles que vive el país donde nació la poeta, otro arquetipo de lectura que duele, otro ejemplo de elegía, otro paradigma de parcela: la madre patria difunta, muerta, deshecha. Una honda metáfora de destrucción y dolor.  

          Pero sabes mama
          han venido a festejarte
          porque estas muerta
                    por tu muerte
por lo que significa enterrarte
no por ti ni por tu vida
          los que te acompañamos en vida
          no nos interesaba para nada el festejo
          de tu muerte.

          Decíamos que Parcela 40, al carecer de signos de puntuación es un libro donde es difícil respirar. Y mientras se va leyendo el libro, dejando la tarjeta de visita en la bandeja, tomando un caldo de gallina, esperando que sean las cuatro para acompañar a la muerta, después de que las mujeres le besaran la mano y los hombres la frente, uno se da cuenta de que el punto final lo pone la muerte

jueves, 21 de junio de 2018

NEFELIBATA, DE FERNANDO VALLEJO ÁGREDA

              

                           EL QUE ANDA POR LAS NUBES CON LAS GAFAS NEGRAS DE LA IRONÍA

                                           NEFELIBATA, DE FERNANDO VALLEJO ÁGREDA 

          Hay libros que le acompañan a uno incluso una vez que los ha leído o ha escrito sobre ellos. Otros, una vez leído pasan a las estanterías del recuerdo y otros, los  menos, se resisten a irse de la “torre” que cada día aumenta: libros que uno ha leído varias veces, pero que le resulta difícil abordarlos ya sea por el tipo de escritura, por el tema o por el “mensaje”.
          Uno de ellos es Nefelibata. Es un libro que cada vez que intento escribir algo sobre él me siento incapaz porque no es un libro al uso, no son solamente 31 actos, es teatro y es prosa, es una selva de aforismo, un texto con soliloquios, preguntas, afirmaciones y dudas.
          De entrada, no me lo nieguen, el título es llamativo y poco común para un libro de poesía. Pero uno se entera en el precioso prólogo de Fran Picón que Nefelibata “es un soñador, una persona que vive en las nubes, con los pies lejos del suelo, al margen de la realidad”.
          ¿Es Nefelibata un libro de poesía al uso? No, no lo es. ¿Es un libro surrealista? Lo podría ser. ¿Es el libro de un hombre que está en las nubes? No. Aparte del prólogo que es un bellísimo poema en prosa, el libro tiene un epílogo y está ilustrado por Héctor Puertas Capdevila que ilumina los poemas, ¿o los deberíamos llamar cantos o tal vez escenas?, con la oscuridad rabiosa de la luz encarcelada. Mi ejemplar es la segunda edición.
          Nefelibata es un libro que nunca acaba, que nace cada vez que lo abres. Es un laberinto donde la muerte va cambiando la salida, donde la vida va abriendo ventanas y el sexo es un perro sin bozal que nos lame las heridas del alma.

Ni el tiempo es tuyo
ni el mío
ni el de nadie.

Nuestro.

El tiempo es un reloj nuestro.

Es el libro de un poeta atormentado, drogado por la vida, que escribe, a veces, en sueños, un Rimbaud sin el Verlaine de turno. Poemas torturados, como si al poeta le tartamudeara el alma, estrofas de un verso, de una palabra. Golpes de luz, de sombra, de imposibles preguntas sin respuestas o con respuestas que no lo son:

¿Qué es la ferratina?
(La ferratina es un cero a la izquierda)
Un mal sueño
que despierto
no te deja dormir.

          Nefelibata es un universo, una cantata atea, un réquiem urbano a la vida, una partitura inacabada, un enjambre de metáforas que son puñales, de estrofas que te dan sed, de contradicciones que te desnudan, consignas que te desnudan. Es una continuada letanía al deseo, al amor, al sexo, a la miseria humana, a la melancolía. El oficiante, revestido con casulla de los sueños, medio ángel y medio demonio, azuza con el tridente de la noche nuestras miradas y nuestros sentidos.
          Al final, ese ser que vive al margen de la realidad, baja de las nubes y deja de soñar. Y Nefelibata muere y el celebrante vuelve a la tierra azul de la luz y es entonces  donde el hombre conoce “lo que debo amar / de lo que puede perder”. Ahora sabemos que el poeta ha cantado a nosotros y está despierto.

… Las palabras son un extraño ruido conceptual.
Un grajo negro
sin molleja
desfigurado por la rigidez de un cadáver.        


domingo, 17 de junio de 2018

Del Blog de Älvaro Valverde.

Hilario Barrero, poeta (acaba de dar a la imprenta BlendingCuadernos de Humo, donde leemos: Qué cruel es el tiempo / que te pone delante de tu rostro / su espejo cada día / y te niega la luz cuando es de noche), diarista, profesor jubilado de la Universidad de Nueva York, ciudad en la que vive desde hace décadas, vuelve a sorprendernos con su tarea de traductor y publica en La Isla de Siltolá A quien pueda interesar, antología (bilingüe) de poesía en inglés, según reza el subtítulo. Es complementaria de otra que vio la luz en la misma editorial sevillana, Lengua de madera. Aquélla, sin embargo, sólo recogía poemas breves. Aquí se reúnen más de un centenar de poemas, cortos o largos, de cincuenta y cuatro poetas, del siglo XVIII hasta la actualidad. Los divide Barrero en varios grupos: primitivos, modernos, postmodernistas, novísimos, y jóvenes. Incluye tres "mini antologías": de Sandburg, Gilbert y Hall (que junto a su mujer, J. Kenyon, Barrero dio a conocer al público español).
Confiesa que empezó el florilegio "hace casi cuarenta años", que es muy personal, para todo tipo de lectores y, en última (o primera) instancia, que lo concibió para sí mismo.
A todos los poetas incluidos se les puede calificar de "clásicos" y, en consecuencia, son muy representativos del panorama de la poesía escrita en inglés a lo largo de los últimos siglos.
Son muchos los agradables hallazgos que uno se encuentra, poco importa por dónde abra el elegante volumen. Ya sean versos de Frost o de Simic, de Thomas o Stevens, de Walcott o Berger, de Levertov y Schuyler. Y de poetas mucho menos conocidos.
Los lectores habituales de la revista Clarín ya conocíamos algunos de estos versos. De Donald Hall, pongo por caso. Poemas magníficos como "El amo" y "Té" o el divertido "A la manera de Horacio".
La mayor sorpresa para mí está, con todo, en el primer poema, de Robert Southey (1771-1843), donde se lee: "Y, sobre los bosques vecinos que se divisaban, / la torre de la iglesia de Navalmoral nos anunció / nuestro lugar de descanso esa noche, -una señal bien recibida; / aunque nos demoramos deliberadamente para contemplar / con detenimiento la llanura fértil de Plasencia..."
Una delicia, sin duda.

sábado, 16 de junio de 2018

El estro de los locos





            MENOS ES MÁS: CUANDO LA POESÍA ES UN RELÁMPAGO QUE DESLUMBRA

El estro de los locos
Nicolás Corraliza Tejera
Ravenswood Books Editorial, 2018.

          Es evidente que Nicolás Corraliza es dueño de una voz poética. Lo que, en estos tiempos, en que hay muchos poetas mudos, es una suerte. Una voz y un estilo y como ocurre con los estilos, con las personalidades poéticas, con el material que el poeta usa, gustan a unos, dejan indiferentes a otros y al resto les llevan por la calle de la amargura. Lo que yo creo es una suerte porque se reconoce al poeta.
          Leyendo la obra de Corraliza, y en especial El estro de los locos,  admiramos la cualidad en que uno insiste cuando los jóvenes poetas piden consejo al viejo profesor. Ya se sabe que ser joven significa dejarse morder por las palabras, así que el consejo es: menos es más.” 
          No olvidemos que la brevedad bien entendida en un arte. Como dice Polonio: Brevity is the soul of wit. Echemos una mirada a la poesía japonesa, a la poesía Zen, a nuestras jarchas. En poesía cada palabra es un tesoro del que el poeta debe sacar su más hondo significado, una piedra preciosa que el poeta tiene que moldear, hay que llegar hasta el hueso de la palabra. Un poeta que trabaja la poesía breve es mitad orfebre mitad carnicero.  Es en esa brevedad donde el poeta desnuda al poema, nos lo presenta en carne viva, y en ocasiones nos da hasta miedo de tocarlo. No lo toquéis ya más que así es el poema.

MENGUA LA LUZ

en el desierto de las certezas.
Se extinguen las palabras en su eco.

          Es por esa brevedad minimalistas (valga el oxímoron) que en ocasiones algunos poemas se balancean entre el aforismo, la metáfora continua, y un toque oscuro de antigua filosofía. Por otro lado son chispazos que, de momento, dejan al lector deslumbrado y, en muy pocas ocasiones, apenas si  un esbozo de poema, como si el poeta fuera un avaro con las palabras y nos dejara con ganas de más. Porque en un poema, como dijo Louise Brooks, Writing is 1 percent inspiration, and 99 percent elimination. Un poco de inspiración y un mucho de poda.
          Hay que destacar la importancia que los títulos juegan en la intencionalidad y entendimiento del poema. El título alejado del poema a veces sirve de introducción pero a veces parece estar demasiado alejado de la idea central del poema. Aquí un ejemplo:

CUESTA

digerir esta papilla
 de dientes
y alambradas.
Los hombres cercados nos miran rotos.

          Resumiendo, en El estro de los locos el poeta demuestra que tiene una voz poética y también un estilo. Y de la misma manera que a un pintor o a un cantante de ópera, a un verdadero artista  con “estilo” se le reconoce de inmediato así reconocemos la manera de decir y ser del poeta. Y en este reconocimiento radica el milagro de poder crear un mundo con pocas palabras.

          Uno diría que en el universo poético de Nicolás Corraliza hay poemas que son un chispazo, un relámpago, poemas que deslumbran, que te hacen dudar. Otros, los en apariencia fríos, lo que parecen hechos con hielo, se salvan porque están arropados por el fuego purificador de la poesía.

EL GRIS

Llegó el invierno.
Esta tarde lo he visto colgado
sobre el esqueleto de los árboles
sembrando una semilla en la tristeza

          Un libro de un poeta joven que escribe en el siglo XXI y se apoya en la cultura y en la subcultura, en los fracasados y en la melancolía, en esa bilis negra que nos lleva a la tristeza, en la política y en la sociedad, en bandas y conjuntos musicales. En ocasiones algunas de estas fuentes “materializan” el poema y lo convierten en una proclama combativa llevando la poesía al alcance de la inmensa minoría.

ESCARMIENTO

Ha madrugado
las guerras en las factorías del mundo.
La tempestad se desata implacable.

          El estro de los locos (un título un tanto enigmático) ha sido editado con cariño y sobriedad por el editor Antonio Cruz en Ravenswood Books Editorial.