domingo, 19 de abril de 2020

El olor del café



 

180420.- Estamos cenando como dos ermitaños (nos salva el Rioja) y te comento los mensajes que algunos de mis amigos de Facebook han escrito con motivo de una fotografía que he hecho a un bote de Colacao. Hablamos después de Eko, un sucedáneo del café que también se tomaba hace años y yo comento que el café que le traían a mi madre de Portugal (creo que de contrabando) era un café negro, fuerte, con olor a humo de tren y a alquitrán. Del presunto contrabandista tú, mientras te tomas una copita de Oporto, recitas un poema de Curros Enríquez que te sabes de memoria y termina así:

                    Polos gardas fronteiros atrapado,
                              vindo de Portugal,
                    entrou, sobre unha besta esmiolado,
                              o traficante en sal.

Yo en broma digo que ahora todo es Rosalía, que para eso era mujer, hija de un cura, romántica, escribía en gallego y castellano y estaba casada con un estudioso de la cultura gallega. A ella dedicó Curros uno de sus poemas más emotivos:

                    ¡Ay dos que levan na frente unha estrela!
                    ¡Ay dos que levan no bico un cantar!

“Creo -me dices- que yo debo de ser de los pocos que se saben parte de su obra de memoria. Aunque reconozco que escribió poemas en gallego muy buenos y muy malos, igual que en castellano. Lo peor eran esos poemas de encargo. Enríquez estuvo varias veces en La Habana y allí murió, aunque sus restos fueron enterrados en La Coruña. Cuando era un niño y en mi casa hablaban de Curros Enríquez yo pensaba que era andaluz. En Cuba a los andaluces se les llamaba “curros”. Bebes un sorbo del Oporto cuando el reloj nos avisa que son las nueve de la noche. Durante el día ha llovido y la humedad podía cortar. “En La Habana –sigues contándome- había un centro cultural que llevaba el nombre del poeta gallego y los domingos había bailes. Una amiga de mi familia llevaba a su hija Lucita a ver si encontraba novio. Es curioso, añades, que a pesar de que Enríquez era anticlerical, revolucionario y de ideas socialistas la editorial Aguilar publicó un libro con obras suyas escogidas, como hizo con la obra completa de Rosalía. Los dos tomos forman parte de mi colección más querida, entre otras cosas porque han viajado conmigo de Galicia a Madrid, de Madrid a Londres, de Londres a Barcelona y de Barcelona a Brooklyn”.
          Hoy ha sido el primer día que obligatoriamente todos los neoyorquinos hemos tenido que llevar mascarillas. Las cifras de muertos e infectados pierden valor al ver que cada día aumentan llenándonos de angustia. Sabemos que después de que acabe esta guerra todos habremos sido, de una u otra manera, heridos. Habrá un antes y un después y nada será igual.       
         

jueves, 5 de marzo de 2020

La brigadista


El día 8 se celebra el Día de la mujer. Los de la radio me piden que diga algo y he leído un fragmento de un poema titulado “La brigadista”  que está basado en esta entrada de uno mis diarios. Algunos de mis lectores pueden que se acuerden de Estelle. Mi homenaje a todas las mujeres.


Martes, 20.- Ya no podrá ir a ninguna manifestación y desear que la policía la detenga y algún fotógrafo, al verla tan aparentemente delgada y frágil, le haga una fotografía que The New York Times publicará al día siguiente. Ya no podrá sentirse una heroína de la revolución frustrada.
          Ya no podrá enviar dinero a Castro o volver a suscribirse, un año más, al boletín de los Amigos de la Brigada Abraham Lincoln.
          Ya no podrá enviarnos cada primavera, como un regalo de amistad, unos bulbos de amarilis rojas.
          Ya no podrá ponernos por debajo de la puerta las notitas telegráficas pidiéndonos que le compráramos en la Cooperativa un tomate, dos patatas, cinco naranjas… ni tampoco decirnos “grazie” repetidamente, no importa que le dijéramos que en castellano era “gracias”.
          Ya no podrá llamarnos con voz temblorosa desde el suelo pidiéndonos ayuda para que subiéramos a levantarla y, una vez en pie, decirnos que ya no nos necesitaba y que nos podíamos ir.
          Ya no podrá dejarnos bolsas colgadas en el pomo de la puerta con libros de poesía, ni negarse a entrar al apartamento y sentarse, prefiriendo estar de pie en la puerta enseñándonos su pecho izquierdo que se asomaba como un animalito asustadizo a los vaivenes de su cuerpo tambaleante.
          Ya no podrá ponerse las camisetas protestatarias llenas de chapas abogando por causas imposibles, ni emocionarse con una sonata de Beethoven, o escuchar a todo volumen una emisora de radio de izquierdas.       
        Ya no podrá asistir a los mítines en los que, conociéndola, le daban cinco minutos de tiempo para que expusiera sus quejas.
          Ya no puede mirarnos con sus ojos cansados, arrastrar su cuerpo deteriorado, ir de hospital en hospital y de hospicio en hospicio, ya no puede volver a su casa, a una casa llena de papeles, de polvo, de olvidos, de telarañas, de flores secas, de bombillas de luz amarilla, una casa con un piano mudo oculto entre montañas de libros, postales de sus viajes a España o a Francia clavadas y arqueadas por el tiempo y el calor en las paredes sucias.
          Ya no podrá escuchar las canciones de la Guerra Civil española, hablarnos de su madre, o verla como se le iluminaban lo ojos, sin duda recordando su tiempo de maestra, cuando le contaba cosas de mis alumnos o mis clases.
          Se ha muerto en un hospital cuando deseaba con todas sus fuerzas volver a su casa donde pensaba que si volvía no se moriría. Se ha muerto una mañana luminosa de otoño y nos ha dejado un poco más solos y más tristes.
          Como una nube de nieve o una bomba de frío en el refrigerador siguen envueltos en una enorme bolsa de plástico los antibióticos que su sobrina trajo porque el refrigerador de Estelle había dejado de funcionar. 
          Ya no necesita los antibióticos, ni el aire, ni la luz, ni los periódicos que almacenaba y no leía.
          Uno se extraña de que se muera alguien con el que había compartido parte de su vida y salga el sol, los colegiales inunden la calle de ruidos y de vida al salir de la escuela y se caigan las hojas de los árboles.
          “La voy a echar de menos” —dices, mientras caminamos por un sendero alejado y solitario del parque cubierto de hojas amarillas. Ya no tendrás que subirle en noches frías de invierno la sopa que le hacías para darle el calor que no tenía, ni hacerle el flan o la tortilla española que tanto le gustaba.
          ¿A quién le ha de contar ahora que su abuelo leía a Pushkin en ruso? A estas horas lo único que puede hacer es leerle la cartilla a la que la esperaba hacía tiempo. La avariciosa compañera pronto va a saber que ha escogido un duro hueso de roer.
          Se ha muerto sin nadie, como vivió toda su vida, nuestra querida brigadista. Se nos ha muerto Estelle.


martes, 25 de febrero de 2020

Recordando a un poeta al que hay que volver

   Por razones, que ahora no vienen al caso, reaparece esta reseña que se publicó en la revista de Lehman CUNY University sobre un libro que al que hay que volver.






El sentido del silencio.
Poemas. 1952 – 1968. Alfonso E. Pérez Sánchez

Borough of Manhattan Community College. CUNY

A finales de los sesenta, en su luminoso ático de la calle de Alberto Aguilera en Madrid, desde donde se podía ver casi Toledo, antes de que levantaran la mole de "El Corte Inglés" y otros edificios, Alfonso Pérez Sánchez, con una copa de coñac en la mano, la habitación nublada del humo de los cigarrillos, el sol entrando suave por los ventanales en aquellas tardes frías, lentas y azules de invierno, leía en voz alta poemas de Cernuda y de Neruda con tanta fuerza y pasión que, a pesar de haber transcurrido casi cuarenta años, han quedado en la memoria de los que le escuchamos como uno de los momentos más felices de nuestras vidas:


Cuando todos se han ido, lentamente recojo
una a una, con amoroso mimo,
las colillas que han ido dejando por los yertos
ceniceros oscuros.

Por ese tiempo algunos de los amigos escribían poesía abiertamente. Uno de ellos era Francisco Brines, otro López Gradolí, mientras que Pérez Sánchez la escribía "a escondidas", como un poco en privado guardaba en el dormitorio su colección de libros de poesía, separados de los de arte que tenía catalogados en su despacho. Mientras recitaba, un bellísimo dibujo del retrato de un joven miraba atentamente la escena y aunque afuera hacia frío y atardecía, en el estudio del profesor la poesía encendía la mirada de un muchacho toledano. Pasó el tiempo y algunos de los que escuchaban se fueron o se los llevó el olvido. Volvieron nuevos cuerpos, llegó otro invierno y otra primavera, pasaba la vida y a veces se asomaba la muerte. Siempre, como un punto de referencia, como una hermosa mentira, un faro donde asirse en tiempos de tormenta, estaba la mirada imperturbable del joven.
Pérez Sánchez nació en Cartagena en el año 1935. Estudió Filosofía y Letras en la universidad de Valencia. Se doctoró en 1964, siendo Catedrático en la Complutense. Dirigió por ocho años el Museo del Prado, del que había sido subdirector por diez años. Es uno de los mejores especialistas en la pintura y el dibujo italiano y español del barroco. Ha publicado numerosos libros.
La poesía que el profesor Pérez Sánchez había escrito un poco a escondidas quedó por mucho tiempo descansando en los cajones del olvido. Quedó reposada, pero no olvidada, porque los que habíamos tenido la suerte de conocerla y saber de su existencia la manteníamos viva. Ahora, se ha publicado reunida en un volumen titulado escuetamente Poesías.1952-1968 por la Fundación Olivar del Castillejo, en la colección Ars Millenii. Acompañan los poemas un lúcido dibujo de Ramón Gaya, que es un detalle del "Bautismo de Cristo" (1958), y un emocionado e iluminador prólogo de Francisco Brines. Poesías agrupa tres libros: Turbio silencio, Apresurado goce y Más cierto que esperanza. En una "Nota del autor" el poeta llama a esta entrega "poemas de juventud", no se sabe si con un cierto dejo de melancolía o de disculpa por lo que puedan tener de inmadurez. Sí, son poemas de juventud porque fueron escritos cuando el poeta era joven, feliz y enamorado, pero son poemas de madurez por lo que dicen y cómo lo dicen, por el discurrir ideológico sostenido con una precisión en la palabra y un cauteloso tono de lirismo, por el trazado verbal y la independencia de escuelas o generaciones (aunque se pueda identificar, en ocasiones, algunos nombres de moda en aquel tiempo). Los tres libros, dice el autor, "responden a momentos muy precisos de mi vida y seguramente reflejan situaciones y sentimientos que mucha gente de mi edad vivieron" y los tres tienen un nivel paralelo o superior a muchos de los libros de poesía que se publicaron en aquel tiempo y que se han publicado después. Libros que fueron premiados y definidos como "seminales" y que ahora tienen la semilla seca y vana; estéril poesía social, falsa poesía religiosa, agobiante poesía preciosista, cargante poesía barroca... Mientras tanto estos tres libros están frescos, llenos de luz, oliendo a mar, chorreando sangre y repletos de cuerpos, sin que el tiempo, tan inflexible con la poesía, haya podido con ellos.
En el soneto inicial de Turbio silencio el poeta se presenta orante a un Señor al que reza o habla. La primera palabra del poema es, significativamente, "carne". Y los cuerpos van a ser, en la vida del poeta, en su vertiente profesional y en su trayectoria humana y vivencial, materia prima de conocimiento, de estudio, de amor, de amargura, de decadencia y muerte. Van a ser a veces árboles, a veces fuego, a veces silencio y a veces desvío. En los "adentros" del poeta fluye un "blando río / que a Tu inminencia crece y se derrama". En este poema, incluida la mayúscula del pronombre Tú trascendente, la forma estrófica escogida, el tono y la identificación de la voz poética con la voz divina, se puede ver claramente un "vago espíritu de religiosidad difusa o misticismo ansioso que el ambiente y la obra de ciertos poetas del momento propiciaban".
Turbio silencio está dividido en tres partes: "Yo en soledad", "Inminencia de Ti" y "Final". Hay una coherencia y una continuidad en las citas que el poeta intercala a lo largo del libro. Citas que nos desvelan y aclaran los nombres y la poesía que hacían "ciertos poetas del momento": Unamuno, un fragmento del Salmo 38, Dámaso Alonso, Miguel Hernández y José Luis Hidalgo (que murió muy joven y que gozó de popularidad en aquel tiempo y que ahora está totalmente olvidado). Turbio silencio tiene un claro sonido, es limpia la palabra aunque haya una ansiedad oscura, un misticismo y una religiosidad que, en ocasiones, puede parecer artificial, anticipo de otra religiosidad mas honda que aparecerá en Apresurado goce, el segundo libro. Lo único turbio de este libro es el agua que corre hacia el mar del Tú trascendente y el tú humano. Río revuelto de pronombres personales. De Turbio silencio nadie diría que es un "primer libro". El verso es terso, pulido, sonoro y bien trabajado. Metáforas que saltan luminosas y fogosas, damasquinadas de musicalidad gozosa. En el ya mencionado poema inicial, un soneto que comienza con "carne y sangre", dos palabras fundamentales, cargadas de religiosidad y ritualidad, nos anticipan y delinean el argumento del libro y nos ponen en guardia de su religiosidad. No cuerpo, sino carne. No vino, sino sangre. El aliento de un Juan de la Cruz lejano se mezcla con la presencia de una voz adolescente y tierna.


Carne y sangre, Señor, estremecidas
en la inminente víspera del goce.
Ansia multiplicada por el roce
de innumerables tórtolas heridas.
Ojos en tibio vuelo adolescente
de la espiga a la flor y de ella al ave.
Mano que, en su torpeza, apenas sabe
acariciar un seno dulcemente.
Eso soy yo, Señor. Ardiente llama,
turbio silencio, desigual desvío.
En mis adentros fluye un blando río
que a Tu inminencia crece y se derrama.
Y mi dolor, en agrio desvarío,
suena Tu luz, y a Tu silencio clama.

Turbio silencio es también llama ardiente y desigual desvío. Un libro de talante religioso escrito por un joven ateo enamorado y de un Dios imposible y distante, pero deseante de un dios cercano y cálido.
Del "blando río" de Turbio silencio que iba a desembocar en la inminencia del Señor, llegamos, a través de un río desbordado y salvaje, al mar del placer que, después de todo, es el morir, "yerta quietud". Apresurado goce, un libro de título revelador, compuesto de diecisiete poemas numerados y sin títulos, nos recuerda el descubrimiento de un cuerpo gozoso, el encuentro con el amor sensual, el choque con la luminosidad de una mirada, el "interminable goce, / renovado / a cada nueva luz, /a cada aurora. / Una carne, otra carne: goce, goce./ Irrenunciable hierro, / turbio y grave." Nos avisa del temblor de unas manos, de la fuerza de la sangre, del milagro de unas brasas y del acoso de la dicha. Y aunque es un libro de preguntas, tan inseguro como es el amor, Apresurado goce es sobre todo un libro con muchas respuestas, tan seguro como es también el amor. En este poema de bellísimos endecasílabos la voz poética recuerda solamente "il nome" de la persona amada y "la mansa quietud del recuerdo" :


¿Qué sé de ti, mi amor? Tu nombre sólo.
Tuve tu carne y tu calor entero.
No sabré más quizá. Tu nombre siempre
y la mansa quietud de tu recuerdo.

Se presiente en este libro la presencia de Neruda, de Salinas, posiblemente de Cernuda. ¿Sandro Penna, tal vez? Sobre todo el lector se contagia con la fuerza de la voz poética, de su apasionada y animal entrega, del torrente de adjetivos precisos y vivos que hacen que el verso queme, que nos abrasen las metáforas, que nos muerdan los "afiebrados tigres" en la sangre, que nos sintamos gozosamente heridos en el recuerdo:


Una encendida selva nos arrastra.
Agrias serpiente, afiebrados tigres,
locas panteras firmes y rugientes
nos galopan confusas por la sangre.
Gritos de selva damos en el beso,
y en las manos, un agua espesa y verde,
llovida de la selva, nos arrastra
en el ardiente sueño de los goces.

Cierra el libro un poema largo que nos recuerda el argumento de Turbio silencio. "Estamos" -dice Brines- "ante el poema de un mayor y audaz recorrido autobiográfico. En él se muestra con diafanidad la trayectoria de una salvación humana ya lograda". Un poema que es, aparentemente, como una ducha de agua fría después de una larga noche de amor salvaje. Un poema que habla, de nuevo, al Señor y que nos da frío y hace que nieve en nuestra mirada y en nuestro corazón, aunque en la estrofa final de nuevo renace la esperanza, "el gozo apresurado y perpetuo de su carne":


Tú que sabes la eterna canción de nuestra sangre
ayúdame. Me sabes acosado de dicha:
la de su amor y el Tuyo.Y esa dicha remota
sólo será potente, poderosa y perfecta
en el gozo perpetuo de su carne presente.

Si Turbio silencio era la mañana del encuentro con el Tú místico y el tú humano y Apresurado goce era la plenitud de una tarde de amor interminable y total, Más cierto que esperanza, dedicado a "F.R.C.", es el atardecer amoroso, cercano a la noche, próximo a las tinieblas... Un libro compuesto por catorce poemas de los que los once primeros fueron escritos y fechados entre los años de 1962 a 1965, en ciudades tan diversas y distantes como Marbella, Valencia, Badajoz, Madrid, Mazarrón, Salamanca o Florencia... Aquí el fuego va a disminuir, van a aparecer estrellas elegíacas, la voz poética se va a adentrar "en lo oscuro" y va a quedar la esperanza del recuerdo. Brines dice que "se alcanza en este libro la defensa más firme del amor interior. El poeta quiere ahora bastarse generosamente con el amor vivido en el sagrado de sí mismo. Ahí está el secreto y más reparador latido, ‘algo mucho más cierto que esperanza’."
En los dos libros precedentes había preguntas; en el primero las preguntas eran al Señor y no fueron nunca respondidas porque el Señor es mudo y sordo con ciertas voces. En Apresurado goce las preguntas eran al amado y el amado no responde nunca cuando está en ejercicio amoroso ya que en el amor no hay palabras. En Más cierto que esperanza empieza y termina el libro con preguntas a la vida pero ésta tampoco tiene respuestas. El poeta se pregunta y nos pregunta en el primer poema, que es uno de los más hermoso de todo el volumen:


¿Por dónde estará el río? ¿Adónde su frescura?
...
¿Dónde estarán las aguas que otro tiempo fluyeron;
las que supieron toda la belleza fragante
de adolescentes muertos hace ya tanto tiempo
que ni sus huesos quedan para decir quien fueron?

¿Quién tiene las respuestas? Posiblemente la muerte las tiene.
En el último poema nos vuelve a hacer y nos hacemos estas tres preguntas escalofriantes, breves, dolorosas como tres puñaladas:


¿Estuve? ¿Tuve? ¿Tengo ahora?
Nada me diste. En la distancia
algo te debo: el eco solo
de tu presencia iluminada,
que me devuelve cada día,
al decírmelo sin palabras,
la afirmación primera, signo
del sentido que me faltaba.
Ni el Señor, ni el Amor, ni la Vida le respondieron al poeta. Fue el silencio quien lo hizo: "Ahora me entrega tu silencio / el sentido que me faltaba." Y sin saber si fue el Señor, el Amor o la Vida quien le segó la voz al poeta, la otra voz, la del Arte, nos trajo y nos dejó para siempre la presencia y el magisterio del profesor, del crítico, del historiador del arte, del amigo y del amante. Y ahora que el tiempo ha pasado, que aquel "cuerpo de luz / encendedor del mundo, / creador también, /derramador de lumbre, / dando nueva razón a cuanto toca" se apaga, ahora que aquellos cuerpos hermosos como dioses caminan entre sombras y están "tensos en sus soledad", volvemos a reencontrar para siempre, justamente rescatado, al joven amante, al poeta luminoso, mediterráneo, furioso y apasionado y volvemos a estar llenos de vida, de fuego, de sangre y de fulgor como si el tiempo no hubiera pasado por ninguno de nosotros desfigurando aquella belleza que parecía eterna.
***

http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v12/barrero.htm

domingo, 9 de febrero de 2020

Oretana: cordillera cultural






La cordillera Oretana separa el Tajo del Guadiana y estira sus brazos hasta Portugal: un nombre que nos recuerda las clases de geografía en el colegio donde se aprendía aquello de “España está formada por cuarenta provincias  y quince regiones, a saber…”  La revista “Oretana”, que dirige Carlos Bustamante, une nombres, ideas, sentimientos y estira sus renglones más allá de la comarca, aunque arrime el ascua a la sardina territorial que es una de las cosas que a uno más le ha gustado de la revista que le acaba de llegar. A uno le alegra ver su nombre junto a escritores de la comunidad que son amigos y admira.   En portada, como estrellas del corazón, el poeta talaverano Antonio del Camino, Gonzalo Giner, Timo Berger, Alfredo J. Ramos con un entrevista de categoría, Fernando Lallana, una novelista llamada Carmen Posadas y HB al que le dedican, “en cinemascope y a todo color” el espacio “firma invitada”. “Oretana” es, como su nombre indica, una cordillera que abarca la literatura, el cine, la música, un cajón de sastre lleno de sorpresas que educa, enseña y divierte.     
         La revista, que se hace en Navahermosa con una tirada de 1,500 ejemplares, se distribuye gratis a centros educativos, ayuntamientos y asociaciones culturas. Y me imagino que también a quien pueda estar interesado.
         Muchas gracias por prestarme papel, pluma y tinta para firmar en la revista.

viernes, 7 de febrero de 2020

Dos de humedad


                                        DOS DE HUMEDAD

      La humedad es como una niebla persistente, una arpillera gris que hubiera servido de piel para un saco de almendras amargas. Es una plancha de acero toledano preparada para ser una coraza para la lluvia, una vacía para la cabeza empapada de don Quijote. Esta niebla que asusta a las palomas y las pone en el brazo de una farola mirando al arco que siente dolor de piedras en su espalda. Esta humedad de la Candelaria que borra la luz de las velas de febrero y roe lentamente, como un ratón aplicado, los huesos gastados de un caminante.


      Como dos barcos varados en la frontera del deseo, dos faros ciegos vendadas las ventanas de sus ojos con la gasa cuarteada del yeso, dos edificios ocupados por un batallón de sombras que desafían al alba, dos telones, arañados por las ramas de febrero, preparados para servir de fondo a la vida que pasa.
La niebla de hoy es la sábana luminosa de mañana. La misma que la luz usa para cubrir el lecho del verano. Vendrá la noche y se quedará en tu mirada.

martes, 4 de febrero de 2020

YA TENEMOS UN LUGAR ADONDE LLEGAR: LA POESIA DE ALEX RICHTER-BOIX.


                 





              YA TENEMOS UN LUGAR ADONDE LLEGAR: LA POESIA DE ALEX RICHTER-BOIX.


Alex Richter-Boix
Poémame, editorial abierta de poesía
Valencia, 2019

      Nunca llegué a ninguna parte es el primer libro de Alex Richter-Boix y el primer volumen publicado por Poémame, “un proyecto editorial de poesía abierto, participativo y global”. Los dos llegan a alguna parte: El libro de poesía alcanza un lugar donde nace y crece la mirada de un poeta, ojos que configuran el argumento de parte del libro. La editorial apuesta por una voz nueva y nos la entrega dejándola en alguna parte de nuestro mundo.
      Nunca llegué a ninguna parte son tres libros en uno. Y hubieran funcionado perfectamente si hubiesen sido publicados individualmente que es lo que el editor parece advertirnos por la manera de paginar el volumen. Los tres van paginados, en la parte superior izquierda individualmente y en la parte inferior derecha en su totalidad. Es propenso el poeta a los títulos y subtítulos largos y a darnos, al principio de cada libro, un poema en forma de guía.
      El libro uno subtitulado “Lo peor del silencio es todo ese rumor de dentro” lleva un poema estandarte que termina con este verso: “una flor no es la luz” y el último poema lo acaba con este otro: “estallaremos en flores”.  Y entre la flor sombra, claroscuro de la poesía hasta la explosión floral caminamos por un jardín de quince poemas por los que la muerte crece con muertos que tienen el mismo final y son “comida para el tiempo”, donde “la soledad quema el cielo, / caen los días como pájaros de piedra” y parecen los ojos, la mirada, un tema que se repetirá a lo largo del libro y que será cimiento en la poesía de Ritchter-Boix. Una poesía que se podría definir como poesía visual, que se percibe con los ojos del alma, poesía sensorial, rica en luminosas imágenes, brillantes metáforas. Una poesía que es un ramo de ojos azules (como en el cuento de Octavio Paz). 


               El libro dos es el mejor de los tres. Si en el libro uno hay, a veces, un balbuceo estético, un desvío a la prosa en este, que lleva como subtítulo “nuestras manos tienen memoria”, la voz del poeta se siente firme, segura, próxima a conseguir un estilo y una personalidad poética. Aparece una poesía amorosa que se enreda en la naturaleza, con un lejano perfume de Walt Whitman, intimista, honda, que socava los cimientos de la razón y nos acerca a un cierto pesimismo vital: “somos hierba / clavados en la tierra, / dos corazones de barro / ignorando la tormenta”, a una monotonía que nos moja el sentimiento: “Empieza a llover / como lo ha hecho siempre,// sube desde el suelo en flores / abiertas sobre la piel, la nuestra / una superficie fría y porosa / balo la tela de las sábanas…”.
               El libro tres lleva este largo título: “Un vacío ordenado y estéril / ni una flor que nos / acompañe // el mundo podría haber sido mejor” tiene quince poemas, como el libro uno, y como el subtítulo nos advierte que entramos en un territorio social, político, oscuro, el jardín está seco y “al pájaro se le seca el canto”. El poeta nos pregunta: “¿Para cuándo el deshielo social? / ¿Para cuándo?”.
                Siempre es un gozo descubrir una voz con una mirada. El libro tiene poemas que son todo un mundo, lleno de imágenes que le mantienen a uno en vilo, que te dejan cieno y alquitrán en el corazón y un poco de melancolía en el alma. Es un primer libro a tener en cuenta. Posiblemente, como decimos, sobra el “libro tercero” que es “otra cosa” y que hubiera encajado mejor en otro libro con otro tipo de estética. Pienso que, como ocurre en muchos primeros libros, hay demasiados poemas. Menos, uno se repite a sí mismo, es más. Uno de los éxitos de un libro de poema es saber lo que no hay que incluir. Pero es difícil dejar a un ser querido fuera de la primera casa.
               Enhorabuena por inaugurar la colección con este libro, que aunque el primero en ser publicado, uno advierte que el poeta tiene oficio y audacia.
               La edición es sobria y lo que es más importante el contenido es valioso. Parece ser que el poeta ha encontrado la fórmula mágica para crear un elixir, la mejor medicina, el bálsamo que nos aplaca las cicatrices: la poesía. Ya tenemos un lugar adonde llegar.