miércoles, 5 de diciembre de 2018

EXCLUSIVA Entrevista de José Luis García Martín a "Cuaderno de Humo".


             
                       
"Que, como siempre ocurre, está formada por una legión de poetas mediocres, por otros que ni siquiera son poetas y por media docena de nombres memorables. ¿Quiénes son estos últimos? Lo sabremos con certeza cuando pasen algunos años. Lo mismo se podría decir en 1518, 1618 o 19 27"
                                               
                                                                                    
                                                                                                 Entrevista
                                            LA ÚLTIMA CENA
                            12 PREGUNTAS a JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN

JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN (Aldeanueva del Camino, Cáceres, 1950) no podría haberse dedicado a otra cosa que no fuera la literatura, una disciplina que aborda desde casi todas sus vertientes: poesía, crítica, autobiografía, diarios, teatro, traducciones, director de la prestigiosa revista de literatura "Clarín"... y todo lo que hace, lo hace bien. Es un crítico feroz e implacable que bebe de la larga tradición anglosajona, sin causarle ningún temor decir la verdad (o su verdad) pues no se casa con nadie y trabaja para no dejar nunca indiferentes a sus lectores, aunque ello le cueste enemistarse con poetas y poetastros. Recientemente ha publicado Sherlock Holmes en Venecia y otras historias verdaderas. 



ANTONIO CRUZ.--¿Qué tiene García Martín de Sherlock Holmes? Y en esta dualidad de personajes, en muchos casos contrapuestos y a la vez complementarios, ¿usted es más de Holmes o de Watson? ¿De Quijote o de Sancho Panza?

JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN.--Yo soy un Watson que sueña con ser Sherlock Holmes, un Quijote que sueña con ser Sancho Panza.


AC.--¿Es usted consciente del temor que infunden sus críticas a poetas y escritores en general? ¿Tiene una lista actualizada en donde detalle los escritores que han dejado de dirigirle la palabra?

JLGM.--No, no soy consciente de infundir temor ni hay razón para ello. ¿Qué más da lo que yo opine de la última poesía de Caballero Bonald o de Pere Gimferrer si todos los medios que importan y todos los críticos que cuentan coinciden en considerarla la culminación de su poesía? A mí me parece puro bla bla bla, retórica que se alimenta de sí misma, pero seguro que a ellos mi opinión les importa tan poco como a mí sus más recientes libros de versos.

AC. --García Márquez afirmaba que jamás releía sus libros porque le causaba miedo. ¿Teme usted, como García Márquez, ser un crítico furibundo de lo que ha escrito?
JLGM. --Yo jamás me releo (salvo algún poema y por obligación), me conozco demasiado bien y tengo cosas más importantes que hacer.

AC. --Hace poco leí un elogioso comentario de Abelardo Linares hacia su persona en el que entre otras cosas decía que usted «es el mejor lector de poesía en España». ¿Qué recuerdo más lejano tiene como lector y como escritor?
JLGM. --Como lector, después de los Salgari y los Julio Verne (me fascinó Dos años de vacaciones) lo primero que recuerdo es una novela de Azorín, El escritor, que me regalaron cuando cumplí doce años porque siempre estaba escribiendo.

AC. --Para alguien que no conociese el estilo literario de García Martín, ¿cómo lo definiría y qué destacaría de este para hacerlo único y reconocible?
JLGM. --Piensa lo que dice y dice lo que piensa de la manera más clara posible.

AC. --¿Qué opinión le merece la nueva poesía y/o la poesía joven?
JLGM. --Que, como siempre ocurre, está formada por una legión de poetas mediocres, por otros que ni siquiera son poetas y por media docena de nombres memorables. ¿Quiénes son estos últimos? Lo sabremos con certeza cuando pasen algunos años. Lo mismo se podría decir en 1518, 1618 o 1927.

AC. --Para André Maurois no había nada más placentero que el poder releer y anotar sus libros favoritos. ¿Cuáles son los libros que a José Luis García Martín le gusta releer y anotar y nunca se cansa de ello?
JLGM. --Yo nunca me canso de los libros, pero me canso pronto de cualquier libro. Incluso al Quijote tengo que dejarlo reposar un tiempo, bastante tiempo, antes de volver a él. Leo más que releo, al contrario de lo que dicen que suelen hacer los buenos lectores.

AC. --¿Qué personaje le hubiese gustado haber sido para ser recordado siempre? ¿Teme ser olvidado a pesar de una trayectoria literaria tan impresionante?
JLGM. --Personaje, Sócrates o Sherlock Holmes; escritores, Goethe o Borges. Sospecho que voy a ser olvidado y no me hace ninguna gracia. Pero sabré resignarme, qué remedio.

AC. --Sé que Pessoa es una de sus referencias. ¿Por qué? ¿Qué no encuentra en otros y sí en el poeta portugués para hacerlo indispensable entre sus escritores predilectos?
JLGM. --Me fascinó Pessoa, cuando lo descubrí a los veintipocos años, por lo mucho que se me parecía. Conocerlo a él era como conocerme mejor a mí mismo. Ahora que he vivido veinte años más de los que él vivió, creo que nos parecemos menos. Antes le tenía por un padre y ahora por un hijo genial y desdichado.

AC. --Exiliarse a Bruselas o Ginebra parece estar de moda. ¿A qué ciudad se exiliaría García Martín sabiendo que puede que no regrese nunca?
JLGM. --Yo, de no vivir en Oviedo, estaría muy a gusto en Lisboa o en Oporto, en Roma o en Nápoles. Creo que en cualquiera de esas ciudades me sentiría como en casa.

AC. --Un libro, una canción (o grupo musical), una comida y una bebida.
JLGM. --No soy yo hombre de un libro, soy más de una biblioteca. La bebida la tengo clara, agua del tiempo. La canción, cualquiera escuchada en buena compañía (sin desdeñar la música del silencio, mi favorita). Lo mismo puedo decir de la comida: nunca recuerdo lo que he comido, sí el lugar y los amigos que me acompañaron.

AC. --Las reuniones dan para mucho, y más si es para compartir una cena, eventos muy propios para sacar los trapos sucios, como sucede en la película La celebración, de Thomas Vinterberg. Podría proponerle un juego en el que usted escogiese a diez poetas y el modus operandi resultase similar al de los Diez negritos de Agatha Christie, pero le pediré que me cite a doce poetas vivos con los que compartiría una cena (y que por supuesto no sería la última).
JLGM. --Yo una cena la comparto con cualquier poeta, siempre que no me hable de su poesía ni me lea ninguno de sus poemas.


ANTONIO CRUZ ROMERO





MARCOS TRAMÓN
José Luis García Martín.
Sherlock Holmes y otras historias verdaderas. Newcastle Ediciones, 2018.

       Sherlock Holmes y otras historias verdaderas reúne una serie de relatos que José Luis García Martín fue publicando en las páginas del diario asturiano “El Comercio”, durante el verano de 2017. Son un total de nueve piezas, cada una protagonizada por un escritor sobradamente conocido de la literatura española, hispanoamericana o portuguesa. Así, nos encontramos con nombres como Rubén Darío, Jorge Luis Borges, Pío Baroja, Gustavo Adolfo Bécquer, Fernando Pessoa, Julio Cortázar, Luis Cernuda, Rafael Alberti o el propio García Martín en la última de ellas y en la que vuelve a aparecer su admirado Holmes, “El caso de los suicidios justicieros”. En todos estos relatos, se vale García Martín de su brillante conocimiento de la Historia, con mayúsculas, de la pequeña historia paralela de la literatura y de la geografía vivida de ciudades que ha visitado (Ginebra, Buenos Aires, Fátima, Roma, Bayona…). Ciudades que no son meros enclaves en los que ambientar una acción, sino que, podría decirse, funcionan como un protagonista más de las historias que se nos cuentan.
       Escéptico y documentado, José Luis García Martín demuestra ser muy hábil con los datos que maneja a la hora de aventurar posibles hipótesis o directamente proponer soluciones a los “enigmas” o cabos sueltos que en apariencia nos va dejando la narración que se nos ha hecho o se nos hace cada día de la “historia oficial”. 
       Ya en el relato que abre y da título al libro, “Sherlock Holmes en Venecia”, García Martín se las ingenia para juntar las dispares personalidades del famoso detective británico, “que por entonces –eran los primeros años del siglo XX—causaba sensación en toda Europa”, y del poeta nicaragüense Rubén Darío, con el fin de resolver el caso de las joyas robadas a la esposa de don Carlos de Borbón, doña Berta de Rohan.
       ¿Y quién se podría imaginar a Bécquer de alguna forma implicado en el asesinato de Prim?
       Pero no todo son tramas urdidas con erudiciones librescas, también hay algo de imaginación y de autobiografía, un tanto ficcionalizada, en estas entretenidas narraciones. Es el caso de “Luis Cernuda y el fantasma de Canterville”, en donde se aprovecha un viaje a Buenos Aires y una supuesta visita al tío del escritor asturiano Xuan Bello para acabar trasladando a Cernuda al “castillo apartado del mundo, rodeado de jardines y bosques y en el que se decía que había situado Oscar Wilde su relato”, haciéndole vivir alguna que otra eutrapélica experiencia. 
       Tampoco le faltan a estas páginas demostraciones de un peculiar sentido del humor, lo cual se puede comprobar en el capítulo “Pessoa, la Virgen de Fátima y un premio amañado”, en el que García Martín hace atravesar al poeta de Lisboa por un sorprendente y aparatoso trance, en una solitaria calle de Fátima.
       Taimadas historias acertadas o certeras, en definitiva, que el lector concluirá socarronamente con una media sonrisa al cerrar el volumen.



lunes, 26 de noviembre de 2018

Sherlock Holmes en Venecia, de José Luis García Martín



                                                 LEONES SUELTOS EN BUSCA DE SHERLOCK HOLMES



                  No sabemos si la frase es una mentira verdadera, pero San Agustín decía que la verdad es como un león. No hay que defenderla, déjala suelta y se defenderá por sí sola. En Sherlock Holmes en Venecia y otras historias verdaderas, largo título para un breve libro, el penúltimo de José Luis García Martín, nos encontraremos con varios leones que sueltos intentan defenderse por sí mismos. En este libro todo lo que se dice es verdad, salvo algunas cosas que también son verdaderas.

                 El libro, editado por Newcastle Ediciones, contiene nueve historias de misterio que tienen como escenario ciudades como Venecia, París, Buenos Aires y otras, y en las que intervienen personajes tan dispares como Cernuda, Borges, Prim, Amadeo de Saboya, Bécquer y hasta la Virgen de Fátima.

                 Hay en este libro, de fácil lectura, de estilo fluido lleno de acción, como cualquiera buena novela de detectives, una segunda lectura en la que intervienen personajes de segunda o tercera categoría, todavía vivos y pertenecientes a diversos niveles de la sociedad española. Son personajes reales entretejidos con personajes ficticios que forman parte de una historia irreal, pero verdadera.

                 El autor, enamorado de Venecia como lo era Henry James, nos confiesa en el  relato titulado “Amor en vilo” que se trata de una breve paráfrasis de la novella de James “Los papeles de Aspern”; en este caso el poeta no es imaginario pero el resultado es más o menos el mismo.

                 La fina ironía, la desbordante imaginación del autor, el detalle histórico, la presencia de personajes históricos, el mundo de los libros, el ritmo y concisión de la prosa, el lado divertido, la brevedad (y, dicho sea de paso, su exiguo precio) hacen de este libro un regalo para los amantes de la buena literatura y de la policiaca en particular. García Martín con un estilo periodístico y minimalista nos cuenta nueve historias con acción, nudo y desenlace.

                 Los amantes de Sherlock Holmes probablemente disfrutarán leyendo estos relatos. Uno ha recordado un libro reciente de Alejandro Castroguer, “Holmes y el caso de los 8 estómagos” donde también se mezclan la realidad y la fantasía y hace aparición un doppelgänger del célebre detective.

                 Uno piensa que, aunque el profesor García Martín siempre ha dicho que jamás escribiría una novela, con este tipo de libro se está preparando (y preparando al lector) para escribir, cuando se jubile y tenga “todo el tiempo del mundo”, una novela. 



martes, 20 de noviembre de 2018

https://revista.poemame.com/2018/11/20/13-preguntas-y-un-poeta-hilario-barrero-menos-es-mas-cada-palabra-es-un-diamante-no-la-gasten/

Un piano entre la nieve, de Isabel Marina




LOS PIANOS EN LA NIEVE SON PÁJAROS DE ALAS CONGELADAS QUE GUARDAN EN SUS NOTAS LA BELLEZA DEL RECUERDO.

Un piano entre la nieve, de Isabel Marina

Recibí el otro día Un piano entre la nieve. Muchas gracias. Lo he leído con atención.
En ocasiones su poesía es lo que algunos llaman metafísica: que puede encerrar un mundo frío y hermético, con vericuetos y laberintos en los que uno puede perderse. En la mayoría de los poemas uno encuentra la salida. Una poesía donde la reflexión tiene más espacio que la emoción. Ya sabemos que la poesía es, para muchos, la alta expresión de la subjetividad, para otros la mirada encendida de lo objetivo. Frente a ese aparente mundo que vas más “allá de la física” nos encontramos con el corazón que late, con el recuerdo, con la presencia familiar, con el amor, con la muerte. Y es lo que hace que este libro que tiene una música (que viene de un piano en la nieve) fría y cortante nos llegue cálida. Los pianos en la nieve son pájaros de alas congeladas que guardan en sus notas la belleza del recuerdo. 
Este segundo libro es un gran paso adelante, como lo será el próximo. Cuando la poesía es también terapia, hay muchas posibilidades para que el mundo poético se enriquezca en sucesivas publicaciones. En este libro uno aprecia poemas con una voz reconocible, con un mundo que es lo que uno cree debe ser y tener un poema: no una mera enumeración de sofocos melancólicos, tristezas en conserva o metáforas azucaradas que son tres elementos que abundan en la joven poesía española.  Un poema es para toda la vida, como un diamante, no una pieza de bisutería que el tiempo pondrá oscura y roñosa.
Uno siempre piensa que menos es más. A uno le da la sensación de que algunos poemas hubieran podido pertenecer a otro libro futuro. Hay poemas que uno ha disfrutado y ha seleccionado, tal vez, como los más representativos de la emoción: “Galería” y “Nocturno”.




Uno agradece que entre las publicaciones en las que la poeta ha intervenido aparezca “Cuadernos de Humo”. El prologo de Marcos Tramón es mucho más que un prólogo: es un ensayo donde se trazan las coordinadas de su poesía, una poética honda y profunda. La fotografía de María Jesús es brillante, así como la dedicatoria del libro.
 Si en “Aceros en los labios” asistimos al nacimiento de una voz en ocasiones intermitente, “Un piano entre la nieve” nos ratifica la apariencia de una presencia poética y el desarrollo de una voz que va encontrado un eco. El sol siempre acaba por derretir la nieve.


martes, 13 de noviembre de 2018


   






“Y, DE PRONTO, UN PÁJARO”, DE FRANCISCO ÁLVAREZ VELASCO: 666 AFORISMOS Y OTROS DECIRES. 


  
          Si nos adentramos en este bosque de aforismos nos encontraremos con el catedrático, el poeta, el amigo, el campesino, el abuelo, el filósofo; escucharemos el canto de no uno, sino de varios pájaros, el ruido del mar, el crujir del fuego, el respirar de la lluvia.

          Entre la ligera espesura del bosque saldrán a nuestro encuentro espléndidas ilustraciones que hacen de este bosque un pequeño museo: desde un monje repicando a gloria o a muerte a un corazón que es caja fuerte y prisión, pasando por cuerpos que son ramas, a la muerte que acecha o a un caballo-unicornio-mariposa...

          Pero sobre todo podréis cortar 666 flores, atesorar piedras 
preciosas, coleccionar asombros y metáforas, navajazos y caricias, apreciar sabiduría popular y académica, filosofía y ateísmo, amor y desamor. Y experiencia. Consejos que nos ayudan a vivir: un libro con respuestas editado primorosamente por “eolas ediciones”.

          Y, de pronto, podréis ver el vuelo de un pájaro.

        PD.- Uno agradece que de las 16 ilustraciones que enriquecen el libro aparezca una de HB. La fotografía de solapa de Francisco Álvarez Velasco es obra de Jesús Nariño.



viernes, 9 de noviembre de 2018

EN UNA BIBLIOTECA MUNICIPAL DE BARRIO , de Bendición de la ceniza (en progreso)





EN UNA BIBLIOTECA MUNICIPAL DE BARRIO

La joven directora del centro, afiliada a Podemos,
presenta brevemente al “ilustre poeta”
esperando que el acto termine lo más pronto posible.
El editor se aburre, le aprieta la corbata y se incómoda
por la poca asistencia que ha tenido el evento,
y cuenta, una vez más, los libros no vendidos.
Y eso que el trovador, viejo y desencantado,
ha estado muy amable,
como si al fin se hubiera bajado de la torre
donde el marfil había envejecido,
aunque siga llevando chaleco de bohemio y corbata de seda.
Lo presenta un poeta, un poco de memoria, elogiando la técnica,
la astucia, el estilo de la obra poética del viejo compañero.
Entre los asistentes algunos jubilados que se duermen,
una pareja gay enamorada,
tres ancianas que saben que al final habrá tortilla y vino,
la penúltima amante del poeta,
y una amiga de la misma cosecha que la estrella,
con un pañuelo rojo que es como una llamarada por su cuello,
que suspira y cambia de postura
cuando escucha al poeta recordar sus amores
entre los que ella estuvo hace ya muchos años.
En la última fila, un mitómano tímido y buskowsniano,
se estremece ante cada palabra del experto: es poeta y es joven.
Al terminar el acto se acerca tembloroso y suplica al Maestro
que le firme el libro presentado (es el mismo de siempre,
el que escribió hace años) y se marcha a su casa
como quien lleva un cuerpo.
Es cierto que entre poema y charla del poeta,
el discípulo amado miraba de reojo a la bibliotecaria,
gestos cortantes, autoritaria y firme, pechos como los de una virgen,
y pensaba que ella era el poema que arde, la poesía,
la luz que iluminaba la penumbra del local.
¡Cómo le gustaría llevársela a la cama,
leerle algún poema y follarla como dicen que follan las tías liberadas
y como dicen que el maestro de joven follaba a sus amantes!



jueves, 1 de noviembre de 2018

"Mirando unos lirios" de (Bendición de la ceniza) --En progreso--.




A LA MANERA DE W. S.
MIRANDO UNOS LIRIOS


1
Al llegar ocuparon un lugar cerca de la ventana,
medio abiertos midieron el espacio
hasta hacerse los dueños del silencio
y tomaron la casa.


2
Me llamó la espesura del perfume,
como cuando unas voces me arrastraban
de noche a la maleza,
y me acerqué al borde del abismo.
Aquí solo la esencia me esperaba,
allí la muerte.


3
Entró la nieve con olor a verano,
seda desposeída de su tacto nupcial,
siete alondras de acero
con las plumas rozadas con acento de Brooklyn.


4
Si la sombra está arada, mirlos de vuelta al Sur,
octubre es ese brote sin abrir
doblándose de agua.
No sabe para qué sirve la sed.


5
Desde la orilla de los estambres, clavos de la Pasión,
se adivinaba un río caudaloso:
polen dorado que fluía sobre un cauce de cieno.


6
En los tallos una mística armadura
de santos que murieron en olor de castidad.
Dolores de cilicios como dientes de lobos.


7
Un bisturí de luz y sombra
apuñalaba el tizne que crecía
en la espina dorsal de una paloma.

  
8
Blanco España,
sabotaje de cal en la pared en luto:
seis pétalos abriéndose,
pañales impregnados de loción a granel,
sin tierra y sin raigón.


9
El peso de la muerte se filtra en las raíces.


10
El verano se llevó el canto de los pájaros
y en la fachada de ladrillos rojos
se sofocó el incendio.


11
Rota la tela metálica de la noche
la piel se volvió sucia
y la lluvia escribió en los cristales
nombres que no olvidamos.


12
Ahora esperan que venga la ceniza,
que comience la hoguera a quemar los despojos
y regrese el temblor entre las sabanas.


13
El agua del florero sabe amarga,
se marchitó el perfume y ni la lluvia borra
ese olor tan espeso que dice que eres viejo.