domingo, 6 de agosto de 2017

Educación nocturna.

                                              Versos debajo del sol
                                                   Pablo S. Alemán Falcón


Educación nocturna
  Hilario Barrero

Este poemario está publicado por la editorial Renacimiento; se trata de Educación nocturna del autor Hilario Barrero. Hay que decir que, entre todos las obras que aparecen aquí, este fue comprado a ciegas, sin saber lo que me iba a encontrar. El poemario es una antología poética de su obra hasta la fecha, siendo su último poemario el que lleva el nombre del libro que se encuentra en nuestras manos. En la introducción de la obra, realizada por José Luis García Martín, se indica que hay dos temas principales, el tiempo y el deseo. Nosotros detectamos una pérdida progresiva de la experiencia. También nos llamó la atención los escritos que se forjan entre las calles de Nueva York, lugar en donde vive nuestro autor, sobre todo después de que la reseña del mes pasado estuviese centrado en un escritor puramente neoyorquino, Paul Auster. Estaría interesante comparar los poemas del Wall writing de Auster con los de Educación nocturna de Barrero sobre todo en la necesidad de comunicación entre los dos poetas.

El libro se abre con “Autorretrato”, un texto que recorre cada una de las etapas de su trayectoria poética-vital a través de diferentes lugares que los ha transitado el poeta y en el que ha aprendido algo el “yo” poético (Yo descubrí en Arezzo / una nueva manera de besar: / la lengua penetrada arrasando lo oscuro, / el mordisco en los labios, la ronca dentellada, / el mar de la saliva en movimiento, / de frontera los dientes. […]). De esta manera, el primer poemario que se encuentra en esta antología es Travesía, con poemas de extensión media que muestran la inocencia del “yo” poético ante el mundo que le rodea. Es curioso también el juego de luces y la sombras acordes al ánimo del poeta: En la mañana / la luz hablaba a gritos, / la sombra muda. / […] Y con la oscuridad la pregunta  / que no tiene respuesta: / ¿Ha sido siempre la sombra tan pesada? / Noche clara del cuerpo. También hay paso para realizar una recensión de su viaje por los versos de García Lorca en comparación con su experiencia del poeta por esos mismos lugares por los que camina, respira y observa a menudo. Lo vemos en el poema “Fgl en Columbia University” ([...] Sonríe, Federico, no te muevas. / Aunque se queda inmóvil, la imagen sale turbia. / […] La lente invierte la foto de Manhattan / y Harlem se amotina / en la cámara oscura de la noche.)

Y dentro de Travesía, el poema que lleva su nombre; aquí, si nos dejamos llevar por las imágenes que nos expone, podríamos señalar el pesimismo que tiene que ver con el transcurso imparable de la vida y de cómo se van perdiendo las virtudes de la juventud por el camino.

TRAVESÍA

En esta travesía hacia el silencio
donde tú eres el remo que perturba
las estancadas aguas de mi sangre
por las que va surcando la barcaza
con amigos ahogados por un virus,
no sé si soy un muerto que respira
o es que tengo los ojos desgastados
y no pueden llegar al fondo del abismo,
condenados a ser una invención
que se refleja, sin distinguir la orilla,
en la imagen borrosa de un lago.

Con esto pasamos al siguiente poemario que se titula Modo subjuntivo. Dentro de aquí destacamos el primer poema, “Subjuntivo”, que viene a explicar a través de este modo verbal el deseo: Y tener que explicar de nuevo el subjuntivo, / acechante la tiza de la noche del encerado en luto,  / ahora que ellos entregan sus cuerpos a la hoguera / cuando lo que desean es sentir el mordisco / que tatúa con rosas coaguladas sus cuellos ofrecidos / y olvidarse del viejo profesor que les roba / su tiempo inútilmente. [...] El deseo tiene que ver con el transcurso del tiempo. No hablamos del deseo truncado, más bien como un diálogo para los que disfrutan de este don. También detectamos la presencia de la luz, una luz que se adorna ante la desnudez. Lo vemos en la última parte del texto “Consejo”: [...] Te envidio cada vez que sin camisa / me recuerdas lo frágil de la luz / mientras que yo vestido, / ocultando la ruina y los escombros, / pienso en aquel verano, irrepetible.

El siguiente poemario que se encuentra dentro de esta antología es Mortal Manhattan. Es destacable como los lugares en la trayectoria de Hilario Barrero son más concretos, aunque igual de precisos. De hecho, el nivel simbólico del paisaje neoyorquino se hace imprescindible para poder adentrarnos en el ánimo del “yo” poético. Comenzamos con el primer poema, “Plaga”.

PLAGA

Todavía se aman a pesar de la plaga
y encuentran en la noche sus torsos alumbrados
sabiendo que la muerte les acecha celosa.
Tiemblan cuando desnudos se miran al cristal
y ven alguna mancha que oscurece su piel.
Con precaución celebran sus huesos arropados
y con certeza saben que éste es tiempo de guerra.
Oficiando sus ojos un memorial de sombras
recuerdan tantos nombres que con pasión se amaron,
cuerpos llenos de fuego su coraza encendida
y que ahora rescatan del campo de batalla.

En estos poemas, el poeta recoge instantes de los que recoge los momentos de juventud, pero también absorbe el deseo más allá de toda virtud. Aun así, se puede ver en su fondo el paso inexorable del tiempo, lo innegable ante la presencia de un cuerpo joven, como vemos en “Viril” ([…] Se lavará sus manos temblorosas / con el agua bendita de la estola, / confesará el domingo perturbado / del rocío que mana entre sus piernas, / mintiendo al confesor cuando pregunta / si compartió el pecado con algún compañero.[..]). Es curioso la lucha de la tradición con su deseo, su subjuntivo: [...] Arrepentido comenzará de nuevo / a rebuscar la caja sorpresa de su cuerpo / que ofrecerá más tarde en esquinas oscuras. / Es este mismo cuerpo que ahora en decadencia / se llena de esplendor pues tú le miras.

A todo esto, Nueva York va adquiriendo protagonismo, llegando incluso a tener un nivel simbólico entre sus versos, aspecto se amplía a medida que el “yo”  lírico va realizando su travesía, no solo temporal sino también espacial. En el último poemario que complementa este libro y que, como comentamos, lleva el nombre de esta recopilación, la voz se complementa con otros lugares a los que ha viajado el poeta.

GUÍA

La luz desde el Castillo se difumina y muere
cuando un torso iluminado
se desnuda y enseña entre sus barrios bajos
la verdadera historia de Lisboa.

De la misma manera, es destacable el componente erótico que contienen algunos textos, lo que contribuye a complementar su poética del deseo. Aquí lo vemos en “Playa de pescadores”, que juega con un componente altamente comercial y reconocible y de da una proporción mítica, personalizada y concentrada a través del “yo” poético (A través de Lacoste que lleva suelto, / coraza de algodón azul cobalto, / dos leves sombras en su pecho apuntan / que una pareja de pezones tiernos / se rozan encendidos / en el tejido feliz y afortunado. […]). También hay una mirada hacia atrás, dando paso a la inocencia. Les exponemos el texto que lleva el nombre de la antología.

EDUCACIÓN NOCTURNA

De cuerpo analfabeto y provinciano,
en la primera noche al apagar la luz,
te besé en la mejilla con los ojos abiertos.
Yo no sabía que para dar un beso
se cerraran los ojos o se abriera la boca.
(Lo del la lengua me lo fuiste
enseñando poco a poco).
En la penumbra me acostumbré a tu cuerpo,
y en él leí tu espesa biografía,
taché los nombres de los personajes
y anoté recorridos para llegar muy hondo.
Recuerdo las jornadas de verano, las noches sin dormir,
las primeras lecciones, los signos y las cifras.
Y aunque fueron espejos
y transformé su córnea de tanto contemplarlos,
de lo que no me acuerdo es,
aunque te haya mirado mucho amaneceres,
de cómo eran tus ojos en tanta oscuridad.