viernes, 21 de julio de 2017

Driving con Julia Uceda

Nota a un fragmento de un poema de Julia Uceda
y una definición de poesía por ella misma.


                                                           Pero alguien,
alguna vez, supongo con excesivo optimismo
sobre el valor posible de unos cuantos poemas, tendrá curiosidad
por saber cómo fui. Y pintará un atractivo cuadro si contempla
los hermosos paisajes que me acogieron
y que tan fielmente, aunque ya perdidos,
se pueden entrever en toda mi escritura.

Puede que el conjunto resulte hermoso.
Me gustaría verlo, pero será imposible.
De todos modos, quiero hacerle un favor al curioso futuro:
nada estará completo si se olvida
-driving and driving and driving alone-
de este verso extranjero.
                                     Driving. (Fragmento)


     Es un poema que tiene muchas lecturas, pero que yo lo considero un poema profético. La poeta conduce, conduce, conduce sola, pero nos permite que seamos su copiloto, dejamos que nos conduzca a través de “los hermosos paisajes que me acogieron” y seamos participe de esa belleza.
     Julia Uceda escribe una poesía que dura como dura este poema que habla del pasado y conecta con el futuro, se dirige a un lector y le entrega “unos cuantos poemas” y “representa lo real y lo verdadero”.
    Me siento privilegiado ser ahora “el curioso futuro” que haya tenido la oportunidad de entrever y gozar eso paisajes. Y nos alegramos que la poeta pueda  ver que su obra permanece, que esté aquí con nosotros conduciéndonos a través de una vida. Y ojala nos despeje la incógnita de ese verso extranjero, aunque quizás no haga falta y ya este explicado. Julia Uceda, la poeta, la profesora, la mujer debe saber que ya no conduce sola, que ya tiene curiosos futuros interesados en su obra, en su paisaje. Que ahora ya no está driving and driving and driving alone, que ahora está conduciendo, conduciendo, conduciendo acompañada de amigos que la quieren.


Hay una poesía que pretende durar y otra destinada a morir y a matar lo que no sea ella. La primera representa lo real y la verdad, lo que nos pasa (Cirlot). La segunda no es más que un simulacro de poesía y de cultura que trata de imponerse sin admitir su fracaso. La poesía que pretende durar -o que dura sin pretenderlo- suele referirse a verdades esenciales que hay que buscar en el pasado, en los mitos y en los sueños. El poeta no inventa esas verdades: las descubre. Tal vez las descubre poniendo nombre a lo innominado todavía y puede que todavía terrorífico (Blumenberg). Estos temores, culpas o remordimientos quedan exorcizados cuando de ellos puede contarse una historia de la que verdad y realidad formen parte. Es la palabra la que ordena lo que aún puede llamarse caos en su significado inquietante de abertura por la que pueden entrar o caer elementos que aún dominan los bosques inexplorados.