jueves, 25 de febrero de 2016

Lux aeterna


                              
                                              MÚSICA PARA UN OIDO LLENO DE RUIDO.

La próxima semana vamos a ir a escuchar el Réquiem de Brahms  dirigido por  Christoph von Dohnányi con la New York Philharmonic, la soprano Camilla Tilling,  el barítono Matthias Goerne y New York Choral Artists, con Joseph Flummerfelt como director. De pronto he recordado que en alguna parte había escrito algo sobre la “banda sonora” que me gustaría escuchar cuando mi oido esté en silencio total. Me ha preocupado que no hubiera incluído el Réquiem de Brahms, uno de mis favoritos. Como no estaba seguro del lugar en que fue publicado pedí ayuda a Marcos Taracido que, en su momento, dirigía la Revista Almacén, donde yo pensaba que había escrito el texto. Me saca de mi duda y me da el lugar donde se publicó: Diario de Brooklyn, 2007. Y veo con alegría que ahí está Bramhs.  

Sábado, 11.— Uno, a veces, se imagina su muerte. Se ve muerto rodea- do de gente que entra y mira con ojos aterrados, habla con palabras de corcho, ríe con hielo, comenta con salmos de polvo y se va llevándose en sus retinas la imagen de la muerte. Uno confunde su muerte con la de su padre y se ve en la misma iglesia, en el mismo primer banco donde está toda la familia. Se ve al mismo tiempo en el ataúd en donde en re lidad estaba su padre. Nunca ve a la persona que más quiere en el mundo porque piensa que el amor que se tienen ha vencido a la muerte.  
Una de las cosas que a uno le gustaría que hicieran cuando esté muerto sería que le interpretasen en una sala grande, desnuda y luminosa, solo adornada de luz, un «Réquiem» hecho de varios réquiem, de distintos compositores que a uno le han acompañado en vida. Este sería el réquiem de réquiem que me gustaría oír cuando estuviera muerto:
·      «Réquiem aeternam» del War Requiem de Britten.

·      «Introit» del Réquiem de Duruflé.

·      «Denn alles Fleish es ist wie Gras» del Réquiem Alemán de Bramhs porque me parece una obra minuciosa, como un tapiz hecho con huesos de niebla.
·      «Kyrie» del Réquiem de Berlioz (Grande Messe des Morts).

·      «Dies irae», del Réquiem de Gounod.

·      «Liberame Domine», de la Misa de Réquiem, de Verdi sobre todo por el ímpetu que le pone Montserrat Caballé.

·      «Sanctus» del Réquiem de Fauré por la sombra que le pone el violin al coro.
·      «Agnus Dei» de Dvorak, sobre todo en la grabación de Pilar Lorengar.
·      «Lux aeterna» del Réquiem de Mozart.