domingo, 21 de febrero de 2016

Libros dedicados que vinieron conmigo de España.




            UNA POESÍA VESTIDA CON ROPAS DE FIESTA.

María Luisa Mora Alameda.
Simulacro cero.
XVI Premio de poesía Nicolás del Hierro, 2014.
Colección Yedra.

Decía el gran poeta americano Robert Frost que la poesía es una manera de asir la vida por la garganta. Hay poetas que usan guantes de seda para tratar a la poesía, algunos se desnudan, al  verla pura y frágil, otros la hacen suya y la invitan a su casa. María Luisa Mora Alameda, en su isla de Yepes, agarra a la poesía por la garganta como una necesidad de vida, de sobrevivir.
La poeta, refugiada de tormentas y vendavales, va creando una obra en la que se nos presenta como una madre dolorida por la muerte de su hija, que es como una lluvia pertinaz que cae sobre su vida cada día, como una mujer que sufre y que ama, como una hija que recuerda a su madre,  una abuela reciente que celebra que el río de su sangre siga corriendo. Pero también está la poeta que, a veces, se encuentra con la tristeza como un perro gris que muerde su sangre, con la poeta a quien la noche llena de melancolía y el paso del tiempo llena de añoranza.
Podría decirse que la poesía de Mora es “doméstica”, cotidiana, de la experiencia diaria, la que nos hace personas con defectos y con virtudes. Una poesía “femenina”, poesía de lo usual. No nos dejemos engañar por esta primera mirada. La poesía de Mora encierra, envuelto en paño fino, un tejido hondo, profundo, que salva al poema y lo eleva. La poeta es mujer, pero es también un ser que sufre, que ama y que siente. Sentimientos que nos muestran a una mujer liberal, de su tiempo, que lleva su libertad cerca del corazón, debajo de la blusa, como escribe con tino en un poema titulado “Liberal”, que es uno de los mejores del libro.

Algunos días amarías al primero
que pasara por la calle,
te harías liberal,
te drogarías
para experimentar nuevas sensaciones,
te vestirías de geisha,
robarías en el banco que está
justo al lado de tu casa,
subirías al tren del tiempo
y te adentrarías en un oasis
en el que todo el mundo hace lo que quiere.

Son esos días
en los que no eres tú
la que eras antes
ni la que hubieras tenido que ser mañana.
Entonces
tu mente suele irse
por todos los rincones del planeta;
gritan también aquellos seres
que lo trastornan todo,
con una fuerte voz y se despoja
tu cabeza de casi todos los prejuicios;
tu corazón aniquila
casi todos los conceptos.

Entonces
te reencuentras con la otra:
esa mujer rebelde
que casi siempre llevas
escondida debajo de la blusa.

Simulacro cero, es un libro que habla de cosas sencillas, un libro franciscano en su mejor mirada, donde la poeta viene y va, se hace mayor y presume, se queja, sueña y llora. Un libro con poemas con títulos como: “Aguja”, “Tómbola”, “Perro gris”, “Mosca”, “Gafas” y “Macarrones”, este último un poema en apariencia sencillo y campechano pero que, según va creciendo, hace percibir al lector cómo el poema cambia y nos lleva a otro mundo más oscuro del recuerdo.

Preparas macarrones.
Tu madre te enseñó cómo se hacía.
Ella le echaba ajo a casi todo, al mundo,
a la magnitud de su tormenta.
Le solía añadir también canela
a las torrijas. A eso
saben los recuerdos de tu infancia.
Ella también lavaba camisas en la artesa
y dejaba lustrosos
sus ojos redonditos igual como botones.
(Aquí te quedas).

Preparas macarrones.
Prefieres no acordarte de otras cosas.

Decía Pessoa que el poeta es un fingidor. Puede ser, pero en Simulacro cero no hay nada de artificial, nada de engañoso, nada de embaucador. La poesía de María Luisa Mora Alameda acompaña, nos enseña el mundo de un mujer que en su isla de Yepes vive y sueña. Una poesía que celebra vida y muerte, que puede parecer envuelta en traje de diario, cuando en realidad va vestida con ropas de fiesta.