domingo, 15 de marzo de 2015

Inventario



           
 
  




              INVENTARIO

En días como éstos me acompaña un paisaje
que yo no sé si invento,
en el que veo a un niño que se parece a mí
con los ojos de humo
mirando la mañana de mayo que lo ciega.
Siente a su madre al lado y quisiera decirle
de un hueco que lo ahoga,
mas tiene miedo que al hablar le salgan
los carbones ardiendo por la boca.
Años más tarde los labios ya de corcho,
hablaría a su madre, pronunciaría el nombre
que, una noche de agosto en un cine de barrio,
comenzó a calcinarle la conciencia
hasta que fue ceniza.
Ella no, pero si el padre
sospechó de su gesto
nunca supo que unos años más tarde
ese hijo inocente se dejaba la vida
buscando como un lobo,
en plazuelas de nieve
y pensiones sombrías, otras bocas
que en vez de aliento claro,
le acercaban deprisa hacia la muerte.