lunes, 2 de marzo de 2015

Mudanza







 


MUDANZA

En Perugia un extraño le invitó
a bajar al pozo de la noche
volviendo a la pensión con los labios amargos
y un olor en el cuerpo como una sacudida.
De regreso a su casa se fue a otra ciudad a vivir en tinieblas,
aprendiendo el dolor que provocaba
un corte de navaja con el filo oxidado.
Hundido en barrizales amanecía envuelto
en sábanas de azufre. Hasta el mar se alejaba
al verle que venía a robarle la sal para curar sus llagas.
Supo de cuerpos señalados con la inicial temida,
de domingos mezclado con familias echando de comer a las palomas,
de la ropa lavada por su madre con olor a lavanda.
Al salir de la mina, después de haber bajado a los infiernos,
una espada de luz le deslumbraba. Completamente ciego,
perseguido por la jauría del pecado y del infierno de su infancia,
llegaba condenado a su casa vacía.
La soledad, como un perro rabioso, le mordía el corazón.