miércoles, 4 de febrero de 2015

El cuaderno de las migraciones



                              



                                    VOLANDO HACIA AL NORTE EN EL OTOÑO
  
Llega a Brooklyn, entre fríos y nieves, el número 12  de El cuaderno de las migraciones, de Esteban Fernández,  publicado en Gijón en la colección “Heracles y nosotros” que coordinan Nacho González y Emilio Amor. Este ejemplar, compuesto  de veinticinco poemas, viene firmado y numerado –con el 70-- por el autor. 

Tiene la poesía de Esteban Fernández una perceptible trayectoria “social”, una preocupación por temas globales, poesía conceptual, difícil a veces, a veces fría, desnuda, sin adornos ni metáforas excesivas, alejada de todo barroquismo que pueda desvirtuar la idea del poeta. Da la impresión de que en la poética de Esteban Fernández no hay lugar para el amor, no para la ternura, aunque lo haya. Es más una poesía combatiente, de “ideología”, más de “poder” que de querer. Más de convencer que de vencer. Es una poesía en donde “cruda realidad” se nos presenta como punto de partida.

     ¿Cómo hacer un poema de amor si entre nosotros,
       existe la dimensión de las fronteras,
       y la última distancia nos fue cerrada?

La poesía de Esteban Fernández es una poesía fronteriza, armonizada por la naturaleza, reforzada por la luz, marcada por el mar y cercada por las fronteras… Una poesía llena de preguntas que el lector se siente en la obligación moral de responder, aunque no conozca o no tenga las respuestas. Poesía fría, sí, intelectual, joven, pero llena de esperanza, de amor a la vida y a la humanidad. Una poesía que promete mucha poesía en el futuro. Y que nosotros esperamos.

¿Qué sería entonces,
si alguna vez consiguiera el hombre
construir un hogar
sin paredes ni techos
sin fronteras con el otro hombre,
de la perfección del mundo?
             
              El cuaderno de las migraciones nos abre muchas fronteras y nos deja abierta la puerta a la esperanza, aunque nos cierre la ventana del amor porque “quizás, algún día, / volver al polvo no sea el último destino”. No, desde luego, al polvo enamorado.