miércoles, 25 de febrero de 2015

Desaparecidos


             
 




               Desaparecidos

Porque creían poseer la clave del amor,
largas noches alejados del mundo,
pensaban que el verano nunca se acabaría.
Llegó el invierno y llamados por voces urgentes
abandonaron el lecho
donde habían dejado lo mejor de sus cuerpos.
Cruzando el puente de los arcos de hierro
salieron a la vida a enterrar a sus muertos:
ayer torsos solicitados y triunfantes,
desfigurados y agonizantes esqueletos hoy. 

Apremiados de tiempo, el polvo sublevado,
entraron en armarios y cajones cerrados
que abrieron con temor
tirando a las tinieblas secretos innombrables,
testimonios dichosos, envolviendo deprisa
instrumentos de seda y herramientas de acero,
una arquilla de plata con unas iniciales y una fecha
que guardaba doce piedras cogidas un verano
una tarde de julio en una playa donde se prometieron.

Camino del final,
el tacto de sus dedos borrados de respuestas,
ven pasar a otros cuerpos que hacen temblar al puente
sintiendo cómo pesa la llave en el bolsillo.

Saben que para algunos y tal vez para ellos mismos
este será el último verano.