sábado, 6 de septiembre de 2014

Antologia de poetas toledanos menores.III





 
El soneto tercero de la Antología de poetas toledanos menores fue escrito por María Loreto Muñoz Díaz de Haveze, conocida como “la hija del magistral”. Una poetisa que vivió a finales del XVIII y a principios del XIX. Poco se sabe de su vida. Nació en Bargas, su padre fue un canónigo de la catedral de Toledo, conoció a Carolina Coronado y a Bécquer y nunca se casó. Fue amiga íntima de la primera directora del penal de Ocaña, pionera en llevar pantalones y de fumar en público. Nuestra poetisa escribió poco. A su muerte, su íntima amiga publicó, en la Imprenta de la Editorial Católica, un opúsculo titulado (dicen que por don Marcelino Menéndez y Pelayo) “Libro del mal amor” del que se conserva una copia en la Biblioteca de Abelardo Seville Linares. Este soneto lo hemos encontrado en un legajo guardado en la Biblioteca de Central de Brooklyn que contiene dibujos y recortes de periódicos toledanos. Hay una frase escrita a lápiz que dice: “Sonetos de la Barrett Browning de Bargas. A gift from HB”.


                           



  •                  DOCE ROSAS
    Ayer iluminaban nuestras cosas
    reflejándose el sol en sus colores,
    doce rosas de sangre, doce olores,
    una docena de rebeldes rosas.


    Hoy humillan su cuello cancerosas,
    momias de soledad, hondos temblores,
    perdidos paraísos de sabores,
    doce osarios de polvo, doce fosas.


    Ayer la rosa de tu madrugada
    abrasaba mi cuerpo con su fuego,
    una hoguera de amor en nuestras vidas.


    Hoy mi herida te nombra enamorada,
    doce rosas de gozo y de sosiego
    dos docenas de rosas encendidas.


miércoles, 3 de septiembre de 2014



     En los primeros días de agosto, de aquel turbulento período
aciago de la dominación roja en Toledo, los marxistas acabaron violentamente con la vida del abogado falangista Félix Díaz de Rivera, quien había compartido tribuna con José Antonio en el mitin del Cine Moderno el 24 de febrero de 1935. 


                                                                                         José Luis Jerez Riesco, Falange imperial.



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Mi madre nos hablaba mucho de su único hermano. Al tío Félix, nos contaba, lo fusilaron los rojos una madrugada en el Paseo del Tránsito, muy cerca de donde vivía la familia. El tío Félix, un falangista destacado amigo de José Antonio Primo de Rivera, una persona de orden, un  abogado defensor de los parientes pobres que venían del pueblo, un buen lector que se reía a carcajadas cuando leía el Quijote, un hermano tierno que jugaba con su hermana que nació muchos años después y a la que llamaba cariñosamente Pipi. El tío Félix trabajaba en un despacho que tenía muebles oscuros y pesados con perfiles y cuerpos tallados y una biblioteca con la Enciclopedia Jurídica de tomos en rojo. El camarada Díaz Rivera con camisa azul -¡Presente!- caído por Dios y por España en una fotografía en blanco y negro, una biografía, una medalla con luceros y laureles con la que nosotros jugábamos a otra guerra y una fecha en el libro de los mártires de la Guerra Civil. Mi tío Félix, niebla y muerte al amanecer, recordado la primera tarde de septiembre con una luz con sabor a membrillo maduro, muerto por unos ideales olvidados, unos colores de camisa descoloridos, un ritual apolillado y unas pistolas oxidadas.


lunes, 1 de septiembre de 2014

Antologia de poetas toledanos menores, II.

        


Siguiendo con lo que con el tiempo puede llegar a ser una antología de poetas toledanos menores me encuentro con este soneto de Fermando Alvárez de Toledo,  "capitán español y poeta" del siglo XVI, citado en la obra de Luis Moreno Nieto, "Los Toledos del mundo". 

                       Oficio de poeta             
 
          ¿Para salvar la esencia de la rosa
          o echarle leña al fuego de la vida?
          ¿Para hurgar en la llaga y en la herida
          o dejar el amor en cualquier cosa?

          ¿Para frenar la sombra avariciosa
          que persigue a la luz desprevenida?
         ¿Para, tal vez, cerrarle la salida
          a la muerte que avanza silenciosa?             

         Un poeta le cambia la postura
         al agua, al sol, al pájaro y al viento 
         y los viste con túnica prestada.
    
         Y aunque lo llena todo de hermosura
         con el cristal sonoro de su acento
         un poeta no sirve para nada.