jueves, 8 de mayo de 2014

La casa con una sombra dentro





 

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En el metro de vuelta a casa, después entregar las notas finales, comienzo a hojear Doña Inés, de Azorín. Durante el curso habíamos trabajado el capítulo titulado “La carta”. Del libro recordaba, claramente, el final: “Y acaso en el jardín, bajo el venerable y amado ombú, cobijado en su sombra apartado del bullicio, hay un niño –otro futuro poeta--, un niño huraño y silencioso, con un libro en la mano”. Cuando leí este párrafo yo era casi un niño y estudiaba bachillerato. Recuerdo que por un lado me reconocí  -siempre he estado rodeado de libros—pero por otro lado sabía que yo no era ese niño porque tuve que mirar en el diccionario la palabra “ombú” que desconocía y me distanciaba del texto. En Toledo sólo había cipreses, almendros y alguna acacia. Por esa época mandé a Azorín un ejemplar de su Don Juan publicado en la colección Austral para que me lo firmara. Días después recibí el libro firmado y fechado con una letra un poco tambaleante, como hormiguitas desorientadas.  También escribió la dirección del sobre. Me compré el libro con las trescientas pesetas que gané en un concurso de cuentos de Navidad cuando yo tenía  once años. Por algún sitio todavía tengo el recorte amarillo y lleno de tiempo y algo apolillado del periódico local con la noticia. Fue la primera vez que vi mi nombre y apellido escrito en “imprenta”. 


* HB siente que el sello "Biblioteca de HB" tan pretencioso e infantil estropee la magia de la dedicatoria de Azorín. HB tenía en aquella época once años y encargó a Barcelona el sello que en realidad eran dos: uno con "Biblioteca de" y el otro con "HB".

domingo, 4 de mayo de 2014

Cementerio de Green Wood




Easter Sunday en Green Wood

La mañana amanece embalsamada,
arropada en el sucio sudario del invierno.
Vamos subiendo camino de la muerte
compartiendo el amor que te tengo
con estas tumbas de olvido y soledad.
En lo alto, entre acacias en fuego,
ángeles sin perfil y cruces mutiladas,
imposible y lejana, presa por la retina de la niebla,
aparece la gris fotografía de Manhattan.
La ladera se vence suavemente,
con raíces de polvo en sus entrañas,
roída por un mármol de lluvia y desamor.
Hay flores amarillas y lirios que anochecen
y es más denso el color de la hierba
en el último cuerpo allí enterrado.
Imposible vivir sin tu mirada
y sin la tiranía de la voz de tu cuerpo que me obliga
a seguirte obediente hasta el sepulcro de tu hoguera.
Saber que eres mi tierra y mi mortaja,
poseer un aliento de almohada
donde dormir por siempre y a tu lado
es todo lo que pido y necesito. 





De "In tempore belli". Esta mañana hemos vuelto al cementerio de Green Wood, uno de los más famosos e importantes de Brooklyn donde hay enterrados hijos ilustres y no tan ilustres, pero muy famosos. Y he recordado el poema. Me impresiona ver que, después de tantos años, siga pensando igual. Que todo lo que pido y necesito es dormir por siempre y a tu lado.