lunes, 2 de junio de 2014

Un libro para perderse






Mapa al corazón del hombre
Carlos Roberto Gómez Beras
Isla Negra Editores. 2012

Es un libro, en apariencia con tres patrias (Puerto Rico, República dominicana y La Habana), pero en realidad es un libro universal, como lo es la poesía, con destellos europeos, con la querencia de tu sangre, con el oportunismo del inglés (que posiblemente le roba al libro unidad), con la riqueza de una educación sentimental e intelectual. Hay poemas que se quedan pegados a uno como se queda la niebla en un día nublado y hay poemas claros y luminosos como un día de primavera. Al leerlo por tercera vez hay poemas que se ponen de pie, que reclaman un lugar en el corazón del lector. Por otra parte la edición es modélica, implacable, dándole al poema un comienzo y un final y un espacio para que respire.
         Mapa al corazón del hombre es un libro de madurez, rico en metáforas y en planteamientos éticos y morales. La parte más completa para mí es “Las coordenadas del beso” y la que menos, sin duda por mi falta de preparación cultural en el tema tratado, es la parte III, “Los pequeños cantos de Yemayá”, que volveré a leer de nuevo.
         A nivel personal el texto dedicado a Gijón ha sido una sorpresa y una emoción. Soy ciudadano de Gijón donde paso los veranos y adonde algún día volveremos a quedarnos para siempre.
         El poema que cierra el libro y que da título al libro es un hermoso y poderoso retablo, un canto general que escrito desde dentro, desde el misterio de la poesía,  transciende fronteras, ríos, nubes, da libertad a cometas y hace preguntas y da respuestas  y llena nuestro corazón de una vulnerable belleza.
          En Mapa al corazón del hombre es fácil perderse aunque se conozca bien el camino.

Tres poemas

Nota del viajero que lee el mundo a solas

Este libro no es mío.
Le pertenece
a las palabras que una vez dichas
se esconden como semillas
y a los silencios que solo cantan de noche
como las raíces en un bosque de almas.

 El insomne

Señora, dueña de mi paz.
Su olor arropa mis noches
como la sombra de un limonero
alumbra con soles amarillos
un íntimo patio y su fuente.
Le pido que me libere
de este mal hábito de dormir
o que derrame, esta sin mesura,
la vasija narcótica, el mezcal y el gusano
que añeja entre sus piernas.

 
II

Primero fui barro, fuego y madera.
Luego mapa, razón y cifra.
Ahora soy puro mármol,
suave perfil de ángeles,
fina caligrafía entre dos fechas.
¿Por qué lo hermoso es más bello
cuando lo miran los ojos de la muerte?


    De Seis epitafios para el amor insepulto