jueves, 19 de diciembre de 2013

TED KOOSER: UNA NUEVA CLARIDAD


     
Cuando nombraron a Ted Kooser el decimotercero poeta laureado de los Estados Unidos, reemplazando a Louise Gluck, declaró: “Intento en mis poemas tomar las cosas sencillas y mirarlas con una nueva luz”. Kooser que es un maestro en el arte de la metáfora, escribe con una claridad que a veces deslumbra pero que nunca ciega. En sus poemas destacaríamos tres pilares básicos: precisión, claridad y sencillez y en ellos se habla de herramientas, de un tatuaje, de un entierro o de un huracán. Es una poesía asequible, aparentemente fácil de entender. Sin embargo no hay que dejarse engañar por la sencillez del poema. Escondidas o a flor de piel comienzan las posibles lecturas e interpretaciones.

Ted Kooser nació en Ames, Iowa, en 1939. Es profesor de inglés en la universidad de Nebraska-Lincoln. Es autor de once libros de poemas y de Local Wonders: Seasons in the Bohemian Alps, que es un ameno, delicioso, excelente, y mágico diario que nos enseña el mundo que rodea al poeta, y nos da pistas y claves del proceso creativo de algunos de los poemas, y de la vida del poeta, de sus seres y animales  queridos, de sus amigos y de su casa. También ha escrito The Poetry Home Repair Manual, un libro que, como el título sugiere, da ideas y sugerencias a los poetas que comienzan a escribir. Un manual que, al igual que su poesía, está lleno de sentido común, de ironía y de realidad. Ha recibido importantes galardones, entre ellos el Premio Pulitzer en 2005 por Delights & Shadows del que hemos seleccionado los poemas que aquí aparecen. Próximamente la editorial Pre-textos publicará el libro completo. Kooser vive en Garland, Nebraska, con su mujer, Kathleen y sus dos perros: Alice y Howard, 

Los poemas de Kooser han sido comparados con los cuentos de Chejov por su ambientación espacial, la presencia de los personajes y el sentido del tiempo. Algunos llegarán a la conclusión de que la poesía de Kooser es una poesía fácil de hacer, pero esa facilidad no es tan espontánea como puede parecer, a veces un poema pasa, hasta darlo por terminado, por 40 a 50 borradores.

        Kooser trabajó durante muchos años en la empresa de seguros Lincoln Benefit
Life, de la que llegó a ser vicepresidente. A veces, enseñaba los poemas a su secretaria. Si ésta no los entendía el jefe/poeta volvía a revisarlos. “Nunca quise que se pensara que buscaba el beneplácito de un público numeroso, pero uno puede ajustar un poema ligeramente e incrementar mucho el número de lectores”. En “Seleccionado un lector”, uno de sus poemas más conocidos que pertenece al libro Sure Signs (1980), Kooser describe el tipo de lector que a él le gustaría tener: debería ser una mujer guapa que duda entre comprar un libro del poeta o llevar el impermeable a la tintorería.
... Debería llevar puesto
un impermeable, uno viejo, sucio
por no tener bastante dinero para llevarlo al tinte.
Sacará las gafas, y allí,
en la librería, hojeará
mis poemas, luego pondrá el libro
en la estantería y se dirá a sí misma:
“Por este precio, puedo llevar
mi impermeable a la tintoreria.” Y lo hará. 

  Posiblemente en los poemas de Kooser hay una carga muy fuerte de sentimentalismo, lo que al poeta no le preocupa en absoluto. “Sentimentalismo es una palabra completamente subjetiva”, dice. Frente a esta carga de sentimentalismo hay también una luminosidad y una claridad que hace que su poesía sea fácil, diáfana, sencilla, que se lea y se disfrute. Que sea una delicia, una poesía auténticamente popular, que lo mismo satisfaga a la alumna que comienza a leer poesía, a la secretaria de una empresa de seguros o a un profesor. Cada uno de ellos llegará tan lejos en el poema como le permita su preparación intelectual o emocional. La poesía de Kooser es una poesía de peldaños, una escalera que nos pone al alcance de la mano lo que no podemos lograr, una poesía que nos ilumina lo que no vemos y deseamos ver, una poesía que nos va sacando de las sombras cada vez que ascendemos los escalones del poema. Una poesía de delights and shadows

 Dos poemas de la antología publicada por Pre-textos tiulada Delicias y sombras.

 

        En la sala de oncología

 
Dos jóvenes, que supongo son sus hermanas,
la ayudan a llegar a la puerta abierta
que conduce a las salas de reconocimiento.
Cada una se dobla bajo el peso de un brazo
y camina con el porte recto y resistente         
del coraje. A lo que debe parecer
una gran distancia, una enfermera sujeta la puerta,
sonriendo y dando ánimos.
¡Cuánta paciencia despliega en las almidonadas velas blancas
de su uniforme!. Bajo su gracioso gorro de lana
la enferma se esfuerza para ver
el balanceo de sus pies, cómo se arrastraban
mientras recibe el peso de su cuerpo.
No hay ni inquietud ni impaciencia
ni rabia a la vista. La gracia
llena el molde limpio de este momento
y guardan silencio las hojas de todas las revistas.

 

At the Cancer Clinic
She is being helped toward the open door
that leads to the examining rooms
by two young women I take to be her sisters.
Each bends to the weight of an arm
and steps with the straight, tough bearing
of courage. At what must seem to be
a great distance, a nurse holds the door,
smiling and calling encouragement.
How patient she is in the crisp white sails
of her clothes. The sick woman
peers from under her funny knit cap
to watch each foot swing scuffing forward
and take its turn under her weight.
There is no restlessness or impatience
or anger anywhere in sight. Grace
fills the clean mold of this moment
and all the shuffling magazines grow still.




 
                En enero
 
Sólo una celdilla en la colmena helada de la noche
está encendida, o eso parece:
este café vietnamita, con su luz aceitosa,
sus olores cuya forma es como una flor.
Risas y conversaciones, el tic-tac de los palillos.
Mas allá del cristal, la ciudad invernal
cruje como un viejo puente de madera.
Un gran viento corre bajo todos nosotros.
Cuanto más grande la ventana, más tiembla.
 
 In January
Only one cell in the frozen hive of night
is lit, or so it seems to us:
this Vietnamese café, with its oily light,
its odors whose colorful shapes are like flowers.
Laughter and talking, the tick of chopsticks.
Beyond the glass, the wintry city
creaks like an ancient wooden bridge.
A great wind rushes under all of us.
The bigger the window, the more it trembles.