sábado, 16 de noviembre de 2013

MIRANDO HACIA ATRÁS A TRAVÉS DE UN ESPEJO (retrovisor).




 Hay poetas que son tan profundos como la noche, que queman tanto como la llama del desamor, tan minoritarios como un cuarteto perdido de Haydn y tan breves e intensos como el perfume de una ortiga. Poetas que tocan muchas vidas por la inmediatez de su poesía.

Martín López Vega es un poeta que se deja querer. La mayoría de los poemas tienen un comienzo “natural”, casi prosaico, que te obliga a entrar al toro del poema. Una vez que entras en el envite te encuentras deslumbrado con un universo que es difícil olvidar y salir.
Los poemas de MLV son “objetos” (luego veremos porqué) que piden ser habitados, leídos, adoptados. Veinte años, como el tango, no es nada y es mucho. Veinte años es haber encontrado una voz, un lugar, una silla donde sentarse y ver pasar la vida. Poemas viajeros, poemas de amor, poemas de vivencias, poemas que hablan de cosas que le pasan a usted y a mí y a la vecina y al amigo. Pero, sobre todo, Martín escribe sabiendo, y en esto radica la maestría y el poder de su poesía, que un poema es algo más que un poema. Un poema es un mundo, no una mera idea o una metáfora o un chisporroteo de imágenes más o menos acertadas. En cada poema caben muchos mundos y en esos mundos caben muchos poemas. No os  dejéis engañar por la aparente cotidianidad, los poemas de Martín López Vega tienen acero. Son poemas macizos, poderosos, envueltos en aparentes y coloreadas radiografías. Poemas que dan razón a tu vida porque es una poesía razonada por el sentido común.
 Lo peor que le puede pasar a un poeta es ponerse serio o transcendente a la hora de escribir un poema. La poesía es un conjunto de sinrazones, un resultado de locuras, emociones personales y únicas, vivencias que solo el poeta capta y recibe y experimenta. La poseía de MLV es la poesía de un hombre experimentado, a veces escaldado, rechazado por el amor, la vida, la gente. Por eso Retrovisor, (poemas elegidos 1992-2012), y por extensión toda su poesía, nos sirve de abrigo, de cobertura para hacernos la vida más cálida. Nos cobija, nos da seguridad y nos sentimos como dueños de un trozo de tierra donde el alma pueda descansar. (El marqués de Santillana, en su Proemio-carta, define a la poesía como “un fingimiento de cosas utyles, cubiertas o ueladas con muy fermosa cobertura, compuestas, distinguidas e scandidas por cierto cuento, peso e medida…” Veladas, útiles, con muy hermosa envoltura, con peso y musicalidad, como la poesía de MLV.
Uno recomendaría este libro tenazmente porque uno sabe que es un libro, una poesía que abriga, cercana, asequible, que alivia, navaja y bisturí, con sabor a moras y con luz portuguesa, con llanto romano y estética universal, espolvoreada con versos de otros poetas de lenguas lejanas y misteriosas y con voces de un país donde la niebla es poesía. En Retrovisor nos vemos reflejados en el ayer y nos avisa de todo lo que ha de venir mañana. Retrovisor, por ahora, es el hoy. Que no es poco. En los espejos retrovisores de los coches en este país aparece en la parte inferior el siguiente aviso: OBJECTS IN MIRROR ARE CLOSER THAN THEY APPEAR. El mismo aviso debería llevar este libro y toda la poesía de MLV: Los poemas de este Retrovisor están mucho más cercanos de lo que parecen.  


Dos poemas. 
       LUZ DE INVIERNO EN EL GIANICOL0

Estropeó todas las fotografías, aquella luz de invierno
sobre los árboles del Gianicolo: demasiado intensa
como para quedar bien fijada.
Lo mismo ocurre con los momentos
en exceso felices: la memoria no consigue después
interpretarlos adecuadamente,
otorgarles la luminosidad precisa.
Quedan en la fotografía cosas que no están en ella:
los racimos de muchachas americanas
camino del bar Gianicolo,
el cañonazo de las doce en homenaje a Garibaldi,
mis manos, dos partes de mi cuerpo que no me agradan
--sus dedos como ramas de un árbol demasiado cansado
de buscar en vano la ternura.
Queda esa luz que acaricia el lomo de los días
y que niega al recuerdo de aquella colina
esa intuición misteriosa:
                                     allí es imposible
prever el olor que rodeará nuestras sepulturas.




          ESPEJO

En las macetas de la terraza,
abandonadas entre ramas secas
han crecido las ortigas.
                                       Las cuidaré.